Opinión

¿Renunciar o no renunciar?

Como consecuencia de la desaparición –y presumible masacre- de los 43 estudiantes normalistas en Iguala, en algunos sectores de la opinión pública ha permeado la idea de que las renuncias de quienes se identifican como responsables de estos acontecimientos, puede servir como una válvula de presión para evitar que se desborden –aún más- los ánimos de una sociedad agraviada, afligida, vejada y engañada. En un principio, las redes sociales demandaban la renuncia de Angel Aguirre como responsable de la desaparición –en ese entonces aún no se tenían indicios tan claros como ahora del asesinato- de los 43 muchachos. El entonces gobernador, ofreció su renuncia en un primer momento…sólo para echarse para atrás después y con una serie de argucias legales, preservar su cargo presumiblemente para negociar su inmunidad o más bien, su impunidad. ¿Qué pasará con Aguirre? Es predecible que no pase nada, que se queden las cosas como están y que absolutamente toda la culpa sea atribuida a José Luis Abarca y a su esposa, quienes al parecer y según las versiones oficiales, operaron sin que nadie en el estado ni el Gobierno Federal, lo supieran ni lo sospecharan. Por absurdo que parezca este supuesto, existe una predisposición social a creer que esto es lo que pasará y que de nueva cuenta, acudiremos a un episodio de impunidad más, en que todo se terminará con una “licencia” o “inhabilitación” de los demás señalados, que causará aún más agravio a la sociedad ya que nuestra historia nos demuestra que esas figuras equivalen a indultos reservados a funcionarios públicos por las fechorías cometidas. Es en este contexto, en que en redes sociales se pide la renuncia del Presidente de la República por la desaparición y masacre de los 43 estudiantes, algo que parece fuera del lugar, toda vez que la responsabilidad por dichos actos no se puede imputar al Ejecutivo Federal. Lo que sí se puede –y se debe- atribuir como responsabilidad al Gobierno Federal, es la deficiente investigación que se ha realizado en este caso y los magros resultados obtenidos. Aunado a lo anterior, la comunicación de Presidencia de la República no ha logrado convencer a la opinión pública que la llamada “Casa Blanca” de la Sra. Angélica Rivera, en realidad fue pagada con sus propios recursos, o que no fue producto de complicidades. Este es el verdadero agravio a la sociedad, que mientras unos muchachos deseaban convertirse en maestros normalistas para resolver una situación familiar con un escaso sueldo de entre diez y doce mil pesos al mes, las élites gobernantes tengan fincas, casas, patrimonios inexplicables y demás bienes que lo único que denotan es que las desigualdades en México están al origen de los problemas que hoy por hoy enfrentamos: delincuencia, corrupción e impunidad. El dinero todo lo compra, todo lo corrompe, todo lo oculta. Es el reino de la oligarquía cínica que compra la injusticia y que aceita la impunidad, en que cuarenta y tres vidas humanas pobres, valen menos que un rico patrimonio mal habido. Además de esta indignación popular, ahora también está sobre la mesa la propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas de que renuncie la actual dirigencia del PRD –que apenas tiene un mes y medio en el cargo- por considerar que tienen responsabilidad en la deteriorada imagen de dicho instituto político y su alejamiento de las ideas de izquierda. La realidad es que ni Peña ni Navarrete renunciarán, se aferrarán a sus cargos porque desde el punto de vista legal, están en su derecho de hacerlo. Sin embargo, lo que denota esta situación es que nos encontramos en una crisis de Estado, no de gobierno y que estas propuestas de renuncia en realidad no resolverían nada porque el problema no es de personajes, sino de instituciones. Se requiere terminar con la terrible desigualdad en México, así como con la galopante corrupción, que se encuentran al origen de todo, sólo falta ver, quién será el que tenga la fórmula para ello, algo que no se ve a la vista por ahora. Es de esperarse entonces, más degradación y violencia. Lamentable.