Opinión

Renta de tarjetas

 
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Credencial de elector. (Cuartoscuro/Archivo)

En plena contienda electoral mexiquense, la diversificación de métodos para el fraude parece renovarse cada sexenio. Ni siquiera podría llamarse técnicamente fraude, puesto que no está propiamente tipificada aún en la ley electoral, aunque sí se establece como delito cualquier práctica o mecanismo para evitar, impedir y desviar el voto libre de los ciudadanos.

Se trata de la renta de tarjetas de elector, es decir, las credenciales del INE. Una oficina indeterminada, no identificada o falsamente asociada con programas sociales que reparten algún beneficio, solicita a quien recibe la despensa, el electrodoméstico, el tinaco de rotoplas... le entregue su tarjeta del INE para registro. Una vez en mano del operador, la copia y apunta nombre y número, le pregunta al titular de la credencial si le interesaría rentarla. A pregunta sorprendida del dueño de la credencial, "¿y cómo es eso?", el operador le informa que se la entrega ahora al operador, el titular recibe dos mil 500 o tres mil pesos a cambio por rentarla de aquí al 5 de junio. Ese lunes, con el flamante resultado de la jornada de la víspera, podrá pasar a recoger su credencial.

El propósito de la medida es simple: sustraer de tarjetas indispensables para votar el día de la elección al mayor número posible de electores e impedir –de facto– su participación.

Nadie sabe con certeza probatoria qué partido u organización está detrás de esta bajeza electoral. Pero no hace falta mucha información confidencial para esgrimir algunas hipótesis.

Según los expertos de la estadística electoral, a menor participación de votantes, es decir la apuesta a una votación floja y pobre el próximo 4 de junio, el PRI sería el partido más beneficiado. Las razones radican en su sector duro, el voto asegurado de los simpatizantes o beneficiados con programas priistas. Pero como existe hoy y de forma creciente el llamado voto oculto, el voto embozado o disfrazado, aquel que no confiesa con honestidad al candidato o partido de su preferencia, la fuerza política en riesgo asume medidas extraordinarias para evitar que las fuerzas de oposición obtengan un mayor número de votos.

Una de esas medidas es dividir a la oposición. Inventar o lanzar candidatos pseudoindependientes que arrebaten algunos –los más posibles– votos a los opositores líderes: Morena, PAN, PRD. Ahí tiene usted a Isidro Pastor, recientemente cancelado por parte del Instituto Estatal Electoral. Alguien asegura incluso que la señora Castell podría ser también una sexta columna para desviar votos y atención bajo el disfraz de independiente.

Otra es inflar o impulsar alguno de los candidatos de oposición, PAN, PT, PRD –me parece que Morena está fuera de esta ecuación en el Estado de México, aunque existen amplios señalamientos de que Cuitláhuac García Jiménez, candidato a la gubernatura de Veracruz por el propio Morena, recibió fondos del gobierno priista en ese estado.

Es decir, dividir el voto opositor, desmenuzarlo, desperdigarlo: tres aquí, cuatro allá, dos más allá.

¿Quién gana bajo está lógica? El partido cuyo aparato electoral en territorio, municipio por municipio, es el más efectivo, el más probado y el más 'aceitado': el PRI.

Entonces: dividir opositores, mientras más haya mejor, mientras más compitan, contiendan y se ataquen, resulta más benéfico para el partido en el poder.

La siguiente es reducir la participación. Impedir, bloquear –veremos urnas y casillas no instalados el próximo 4 de junio, en aquellos distritos que se anticipan perdidos–, obstruir física o técnicamente una afluencia significativa de votantes.

No tenga usted duda, lo saben todos: mientras más voten, más posibilidades de triunfo opositor –Morena, PAN, PRD– y derrumbe del PRI en el Estado de México.

La compra del voto no es una variedad nueva ni reciente. Ya en el propio Estado de México se registró el caso de aquellos monederos o tarjetas con dos, tres y hasta cinco mil pesos en 2012: el caso Monex, ¿recuerda usted? Ahora la compra del voto se transforma en obstáculo técnico para votar: rentan la credencial, con lo que sustraen el documento indispensable para ejercer el derecho a voto. Resulta una estrategia con astucia, porque entregan dinero por adelantado para que no puedan votar.

¿Está el PRI detrás de esta sofisticada y criminal estratagema? No lo podemos comprobar, ni asegurar. Ningún funcionario con logo del partido aparece en las oficinas de arrendamiento de credenciales, que, por cierto, son móviles y clandestinas. No las vaya a detener la autoridad electoral, siempre atenta y pendiente de los excesos, abusos y delitos de todos los partidos. No vaya a ser.

Twitter: @LKourchenko

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