Opinión

Religión y sociedad

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Decenas de franceses que radican en la ciudad, colocaron una ofrenda floral y veladoras afuera de la embajada de Francia en México. (Cuartoscuro)

He visto decenas de textos de colegas acerca de los atentados en París de gran calidad y utilidad. No los listo aquí, porque el espacio no me alcanza, pero lo he hecho en Twitter, si usted estuviese interesado. Yo quisiera hablar de algo un poco diferente, de un contexto que creo indispensable. Espero que sea una aportación relevante.

No es natural para los seres humanos vivir en grandes concentraciones. No lo hicimos por la mayor parte de nuestra existencia. Lograrlo requiere extender la confianza que se tiene en el grupo cercano a otros, y no tenemos herramientas naturales para ello, de forma que debe ser una construcción cultural la que lo permita. Según todos los indicios, esa construcción cultural fue la religión. La primera sociedad que conocemos fue la Natufiana, ubicada en una franja que va del actual Israel hasta el norte de Siria y posiblemente Turquía. Existieron hace 14 mil años, por tal vez poco más de dos mil. En la zona más al norte que ocuparon se ha localizado el templo más antiguo de la humanidad, Göbekli Tepe, que data de hace 12 mil años, con diversas etapas que pueden haberse construido durante dos mil más, justo para cuando empieza, propiamente hablando, la agricultura.

Desde que tenemos fuentes escritas, hace poco menos de seis mil años, todas las culturas registradas muestran alguna forma de religión, asociada al poder político, que facilita la existencia de sociedades cada vez mayores. Puede seguirse la construcción de los panteones en la historia de las culturas: cada ciudad con su dios principal, que se convierte en subordinado cuando es conquistada, y que en ocasiones se transforma en dios ocioso, cuando dicha ciudad pasa mucho tiempo perdiendo guerras. Porque desde que tenemos registro, las guerras entre sociedades se hacen al amparo de los dioses, que ganan o pierden para su pueblo, y por ello son castigados o recompensados.

Todas las religiones, en tanto construcciones culturales que facilitan la existencia de las sociedades, resultan herramienta indispensable para el control de las mismas. Desde el 14 mil antes del presente, hasta hace poco más de doscientos años, es inseparable el poder religioso del político. Hay religiones que facilitan su uso violento, como el cristianismo y el islam, por su carácter universalista (colectivista), y hay otras que lo complican mucho, como el budismo y el taoísmo, por su orientación individual, pero todas son susceptibles de ser utilizadas para el control político y la guerra, y todas han sido usadas para ello.

Hasta donde he podido investigar, en esos 14 mil años sólo en Occidente la religión ha perdido ese papel, y hace apenas un par de siglos. Pero, como decía, la religión resuelve un problema de fondo: nuestra incapacidad natural para vivir en grandes sociedades. Así, el paulatino abandono de la religión en Occidente ha resultado en la aparición de religiones laicas (comparables al confucianismo en ese sentido). Pero estas religiones laicas, para tener éxito, deben replicar la religión que sustituyen. Es por eso que tanto los nacionalismos como el comunismo resultan tan parecidos al cristianismo que desprecian: en estructura, en ritos, en escritos, en parafernalia incluso.

Frente al terrorismo del extremismo islámico, hay quienes recuerdan las cruzadas (incluso algunos para disculpar a los criminales de hoy). Es inexacto; hay tanto que puede recordarse. La peor guerra de la historia, en términos relativos, fue la de los Treinta Años (1618-1648) entre cristianos que se separaban. Pero las dos Guerras Mundiales del siglo pasado, la imposición del comunismo, e incluso la Rebelión Taiping (rebelión cristiana en China, 1851-1864) aportaron decenas de millones de muertos en conflictos religiosos y de religiones laicas. Continúo.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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