Opinión

Relevo tricolor

    
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Festejos del PRI. (Cuartoscuro)

El relevo en la dirigencia nacional del PRI es un asunto mayor en la política nacional. Se trata de quién llevará el timón en el partido gobernante a menos de dos años del proceso electoral 2018. La nueva dirigencia del tricolor tomará al partido luego de un fuerte golpe asestado por los votantes el pasado 5 de junio, y enfrentando fuertes vientos de opinión en contra del gobierno federal, según señalan las diversas encuestas sobre aprobación presidencial.

Parte de la labor de la nueva dirigencia será revitalizar el tradicional orgullo de los priistas. El priismo como identidad sufrió algunas bajas luego del 5 de junio. Según las encuestas nacionales de EL FINANCIERO, la proporción de electores que se consideran priistas bajó de 27 a 22 por ciento entre febrero y junio, luego de los comicios. Esto significa que, de ser un poco más de uno de cada cuatro electores, los priistas están hoy más cerca de ser uno de cada cinco. A nivel nacional continúan siendo el grupo partidario más numeroso, pero mermado.

Esta reducción de priistas se concentra específicamente en dos segmentos fundamentales: mujeres y jóvenes. Según las encuestas nacionales de EL FINANCIERO ya mencionadas, por cada hombre que el PRI perdió entre sus seguidores a nivel nacional, lo abandonaron dos mujeres. Y por cada elector mayor de 50 años que dejó de considerarse priista, al PRI se le fueron casi tres electores menores de 30 años. La deserción puede ser temporal o definitiva, no lo sabemos por ahora, pero ciertamente es sustancial. Estos dos públicos, mujeres y jóvenes, pueden sugerir a la nueva dirigencia cuál es el tipo de contenidos que se deben delinear en la labor de fortalecimiento de la identidad política de sus seguidores.

Pero quizás el mayor reto no será fortalecer el sentimiento y orgullo priista, el cual ya ha pasado por momentos críticos y se ha vuelto a revitalizar con el tiempo. El reto mayúsculo será convencer al electorado no partidista de mirar al PRI como una opción sería rumbo a los próximos procesos electorales. Según las encuestas, la intención de voto por el PRI entre los electores apartidistas bajó de 27 por ciento en febrero a 11 por ciento en junio. Con esos números, las probabilidades de ganar en 2018 son muy bajas. A eso hay que añadir que Morena es quien ha ganado corazones entre los apartidistas, al subir de 9.0 a 23 por ciento su intención de voto entre ese segmento.

El electorado apartidista es el más numeroso, el menos comprometido, el más escolarizado y el más interconectado en México. Los apartidistas pueden ser el fiel de la balanza electoral en 2018 y, por lo mismo, son un blanco primordial para las campañas y los esfuerzos por ganar votos. En la nueva temporada priista, contar hoy con la intención de voto de uno de cada diez de apartidistas es ir cuesta arriba. Habrá que estar pendiente de los mensajes, acciones y decisiones que tome la nueva dirigencia para enfrentarlo.

El relevo en el PRI también comparte una notable generalidad hacia los partidos políticos en diversos países del mundo: la desconfianza. Diversas encuestas y sondeos internacionales señalan que los partidos políticos están entre las instituciones que menos confianza tienen entre la ciudadanía. México no es la excepción. El reto ante este fenómeno no es solamente cómo ganar votos a la causa partidaria en una elección, sino cómo fomentar creyentes en las instituciones en una democracia. A un partido como el PRI, la estrategia de fortalecimiento institucional le resulta más natural y esperable que la del desprecio por las instituciones existentes —la cual tiene el mérito de rendir frutos gracias al hartazgo que prevalece entre varios segmentos del electorado. Los sorpresivos fenómenos electorales en varios países muestran una línea de competencia entre la continuidad del orden establecido y el cambio, movido por el hartazgo hacia diversos aspectos de gobierno y de política pública.

Para el PRI la clave está en descifrar cómo competir contra el hartazgo. Así de simple: el partido enfrenta una especie de conflicto Brexit-Bremain rumbo a 2018: un PRIexit-PRIremain.

Twitter: @almorenoal

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