Opinión

Relación bilateral, el silencio no es el camino

 
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Donald Trump. (Reuters)

El presidente Enrique Peña Nieto ha dicho que actuará con “enorme pragmatismo” frente al nuevo gobierno de Estados Unidos. Vistas sus primeras acciones, y la suma de declaraciones de miembros de su gabinete y su partido, lo que domina, sin embargo, es el pasmo.

Durante los días que siguieron a la victoria electoral –no con el voto popular– de Donald Trump, voceros oficiales y oficiosos siguieron hablando de la viabilidad de acuerdos comerciales, a la espera, vana, de que el nuevo presidente moderara sus discursos de campaña.

En cambio, y a tono con la nueva realidad, el primer ministro del Japón, Shinzo Abe, dijo que sin Estados Unidos el Acuerdo Transpacífico (ATP) no tiene sentido. Ni sentido ni viabilidad, porque el mismo texto del acuerdo indica que debe ser aprobado por los países que sumen 85 por ciento del PIB conjunto, lo que, evidentemente, ya no puede cumplirse con la salida de nuestro vecino del norte.

Mientras las amenazas de Donald Trump van cobrando forma, el pragmatismo de Peña Nieto se esconde en eufemismos que alcanzan al acuerdo comercial vigente, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que apenas ayer presentaban como un instrumento modelo y hoy miran como un contrato desfasado.

Aun así, ¿es posible 'modernizar' el TLCAN sin renegociar su clausulado?

Algunos solícitos consejeros del gobierno han pasado de rechazar cualquier tipo de renegociación del TLCAN a ofrecer sus servicios para 'modernizar' sus contenidos. ¿Cuáles? Y más, ¿cuáles son las herramientas a disposición de nuestro país para evitar una renegociación que dañe la economía nacional?

Por el lado de la Secretaría de Economía se espera, al parecer, que los sectores ganadores con el TLCAN, de uno y otro lado de la frontera, atemperen la trumpiana ofensiva.

Trump ha expresado su intención de renegociar el TLCAN y ha acompañado esa postura de un activo protagonismo para que las empresas estadounidenses no salgan o regresen a su país.

La Secretaría de Relaciones Exteriores ha anunciado una serie de medidas encaminadas a brindar protección a los mexicanos que viven sin papeles en Estados Unidos (EU). Se trata, en general, de acciones que ya llevan a cabo las representaciones diplomáticas en el vecino país, muchas de ellas cargadas de retórica e inútiles para ejercer una defensa real de nuestros paisanos.

Es insultante que desde México no se cuestione la posible deportación de más de seis millones de connacionales que viven y trabajan en EU, y que la postura oficial se constriña a anunciar que se les apoyará una vez que sean expulsados de aquel país.

¿México va a seguir cooperando con las deportaciones, como ha hecho hasta ahora, si Trump cumple su amenaza de volverlas masivas?

Resulta igualmente vergonzoso que, en el debate sobre la construcción del muro, la postura mexicana se limite a rechazar que nosotros pagaremos los ladrillos. La construcción de un muro –o más bien la ampliación del existente– debe ser rechazada sin ambages, porque se trata de un acto inamistoso entre dos naciones con numerosos lazos que van más allá del comercio.

México no puede esperar más. El Trump 'moderado' existe sólo en las ilusiones del gobierno, como muestran sus primeros anuncios y los nombramientos de halcones en importantes cargos.

En el centro de las renegociaciones por venir debe estar la demanda mayor de México, ausente en la discusión de los noventa a pesar de nuestros sagaces negociadores: el respeto a los derechos humanos de los millones de connacionales que viven y trabajan en EU.

La actitud de nuestro país no puede ser reactiva. No podemos esperar los golpes para comenzar nuestra defensa.

Es hora de poner fin a la ingenuidad. Es hora de dejar de usar fórmulas como la 'oportuna ratificación' del TPP y de poner en la mesa la revisión de todos los tratados y acuerdos binacionales, incluyendo los relacionados con seguridad.

No se necesita un pragmatismo enorme ni pequeño, sino un mínimo de 'sentido común geoestratégico' y decisión para defender la soberanía y los intereses nacionales.

El silencio que espera la voz del amo no es el camino.

La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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