Opinión

Rehenes de la política


 
Si pudiera imputar algún delito a la política y, por ende, a los políticos, sería de privación ilegal de la libertad. O sea, secuestro. En realidad, este país siempre ha estado secuestrado por sus políticos.
 
 
Los avances en la economía siempre son botín del jaloneo político sin importar su trascendencia o el beneficio para la población. Los partidos boicotean cualquier iniciativa simplemente para evitar que el mérito sea para sus contrincantes. En materia de transparencia, igual.
 
 
Lo que importa es proteger sus intereses y a los suyos antes que rendir cuentas claras o castigar a los corruptos. Estamos en sus manos.
 
 
Y no se diga si hablamos del estado de derecho que más parece una prostituta al servicio de la política, que una condición insustituible y indispensable en cualquier país. Casi todos los políticos prefieren usar a los medios de comunicación para denunciar delitos gravísimos en lugar de acudir a las leyes y los tribunales como es su obligación. Incluso, hasta nuestra libertad de tránsito está secuestrada por la política. Los partidos prefieren permitir el caos y el desorden antes que aplicar la ley, y nosotros pagamos el precio de su cobardía.
 
 
Hoy, en esta recta final de 2013 y del primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto, somos rehenes de la política, otra vez. Estamos viendo cómo el PRD acomoda sus estatutos para reafirmar su esencia ‘democrática’, bajo las eternas divisiones entre sus tribus. Hoy voltean desesperadamente esperando que Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano acepte volver a dirigirlos. En su Consejo Nacional, celebrado ayer, los perredistas decidieron permanecer en el Pacto por México, pero chantajeando. Como siempre, aceptan lo que se acomoda a sus intereses y lo cuestionan cuando no les favorece. Son los mejores alumnos del maestro del secuestro político: el PRI. En el PAN sucede algo parecido. La lucha por el poder ha transformado a los azules, otrora impolutos dueños de la decencia y la congruencia. Hoy son una copia barata del PRI y PRD. Eso sí, aprendieron muy bien las malas mañas. Ahora regatean su apoyo a una iniciativa trascendente como la energética a sus intereses políticos. Para apoyar la modernización del acto energético, cualquiera que sea el esquema que se decida, primero tiene que haber una reforma política. ¡Otra vez la política y los políticos dueños de nuestro destino.
 
Yo quiero ver si en esa reforma los partidos son capaces de ponerse límites a sí mismos. Quisiera ver, por ejemplo, si se atreven a recortarse el financiamiento público, es decir, a recibir menos dinero de nuestros impuestos. Si realmente están comprometidos con la transparencia y la rendición de cuentas. Lo dudo.
 
 
Hasta el miércoles.
 
Twitter: @cachoperiodista