Opinión

Refutando el mito de la “nación de tomadores”

 
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Paul Krugman. Refutando el mito de la “nación de tomadores”.

El año pasado marcó el 50° aniversario de la guerra contra la pobreza en Estados Unidos, y la fecha originó una ráfaga de estudios que corrigieron algunos mitos generalizados. Quizás el más notable fue un instructivo informe sobre el progreso elaborado por el Consejo de Asesores Económicos (disponible aquí: 1.usa.gov/1Id6eTB).

¿Qué necesitaba corrección? Básicamente, la narrativa de “nación de tomadores”, según la cual hemos estado aportando sumas cada vez más grandes a ayudar a los pobres, todo sin hacer mella en la tasa de pobreza.

La realidad es que el gasto en “seguridad del ingreso” (que virtualmente incluye todo lo que pueda interpretar como ayuda para gente de ingresos bajos, con excepción del Medicaid) básicamente se ha mantenido constante durante décadas, con un arranque temporal (y apropiado) debido a los beneficios por desempleo y vales de comida durante la Gran Recesión.

Si no lo cree, piense en esto: ¿dónde están estos grandes programas antipobreza? Tenemos vales de comida y el crédito al impuesto sobre el ingreso percibido. El programa de Asistencia Temporal para Familias Necesitadas, sucesor de la clásica asistencia social, es una sombra del programa anterior. Por tanto, además del servicio de salud, ¿dónde están las enormes sumas que supuestamente estamos gastando?

Mientras tanto, no es cierto que la pobreza haya permanecido igual; se sabe que la métrica oficial es fallida, y una medición mucho mejor del Buró de Censo de Estados Unidos muestra progreso, aunque no tanto como nos gustaría.

Entonces, de cierta forma resulta desalentador ver que esta narrativa exhaustivamente refutada emerja en parte de la discusión inspirada en Baltimore.

La paranoia golpea fuerte

Quizá piense que la gran noticia de los últimos días ha sido los disturbios en Baltimore o, si tiene prioridades diferentes, la bebé de Kate o la pelea entre Mayweather y Pacquiao. Pero en ciertos círculos la gran cosa ha sido la creencia del ala derecha de que la operación Jade Helm 15, un ejercicio militar en Texas, es una cubierta para que el presidente Obama tome el control del estado y fuerce a sus ciudadanos a aceptar a punta de pistola el servicio médico universal.

No, en verdad, y esto está siendo tomado en serio por Ted Cruz, senador republicano y candidato presidencial, y por el gobernador, quien ha ordenado a la Guardia del Estado de Texas que mantenga vigilados a los federales y a sus actividades posiblemente infames.

Antes de desdeñarlo, piense en qué le pasaría a un político demócrata que otorgara la misma credibilidad a una teoría de conspiración izquierdista así de sacada. Ni siquiera se me ocurre cuál pudiera ser esa teoría.

Y no se trata de un incidente aislado. Debería ver el pánico por los helicópteros negros del Obamacare como parte de una sucesión que corre por los “sabedores de la verdad” sobre la inflación como Niall Ferguson, historiador de Harvard, y la autora conservadora Amity Shlaes, quienes insisten en que el gobierno está manoseando la información económica, hasta teóricos de la conspiración de la relajación cuantitativa como (lamentablemente) el economista John Taylor y el diputado Paul Ryan, quienes afirman que Ben Bernanke, exdirector de la Reserva Federal, sólo promulgó la política para rescatar al Sr. Obama, hasta la prevalencia general de la “estupidez de la inflación”, la insistencia en que la híper inflación está a la vuelta de la esquina pese a los más de seis años de pronósticos fallidos.

Aquí está pasando algo. No está claro qué, pero es muy notable y espeluznante.

Twitter: @NYTimeskrugman

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