Opinión

Reformas y reglamentos

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Tránsito

Como hemos comentado en varias ocasiones, posiblemente el asunto más importante que tenemos que corregir en México es la aplicación de la ley. Sin eso, todo lo que hagamos será insuficiente. No inútil, pero sí insuficiente. Al respecto, creo que hay algo interesante. Tres ejemplos.

Primero, la reforma fiscal. Como usted recuerda, hubo grandes quejas cuando ésta se aprobó a fines de 2013. Algunas, creo, tenían fundamento: un impuesto especial para los alimentos calóricos que parece haber afectado a esa industria, o el incremento en el derecho de minería, justo cuando terminaba el ciclo alcista de minerales, pero eso no era lo central de la reforma. Lo verdaderamente importante es que la reforma fiscal modificó sustancialmente el Código Fiscal de la Federación dando al SAT una mayor fuerza para aplicar la ley, e instrumentos para reducir la evasión. Esos instrumentos, por otra parte, se potenciaban con la ley de lavado de dinero y con la reforma financiera, de forma que desde inicios de 2014 el SAT tiene información financiera completa de todos los causantes, y con ello puede identificar quién está evadiendo. Precisamente por eso hubo muchas personas que dejaron de usar tarjetas de crédito desde fines de 2013, y han tratado de moverse al uso de efectivo para que no los detecten. Pero la capacidad de vigilancia del SAT ha permitido incrementar notoriamente la recaudación. No porque los causantes sientan más ganas de pagar, que eso jamás ocurre, sino porque saben que pueden ser castigados. Hemos pasado, en números redondos, del 10 al 12 por ciento del PIB en recaudación.

Segundo ejemplo, el Reglamento de Tránsito del Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Este reglamento provocó grandes críticas por el monto de las multas o por lo restrictivo de algunos ordenamientos. He visto también quejas acerca de la técnica jurídica, pero de eso no opino. Lo que creo que es muy interesante es percibir cómo ha mejorado la actitud de los automovilistas en el DF en sólo un mes, que ha sido casi todo de vacaciones. Puesto que los pueden infraccionar, por miles de pesos, con una foto, ahora sí respetan los límites de velocidad de 50 y 80 kilómetros por hora. Y no se dan vuelta continua, ni invaden los pasos de cebra (creo que así se llaman). No digo que todo mundo maneje mejor, pero lo hace un número considerable de personas, porque se nota. Es anécdota, y habrá que esperar a mediciones formales, pero creo que hay que mencionarlo.

En ambos casos, los que cumplen lo hacen a fuerza, no por gusto. Pero así es como funciona esto. De hecho, sabemos que las personas cumplen mejor las reglas cuando se castiga a los infractores, de forma que si queremos que estos dos ejemplos permanezcan y sean exitosos, es necesario que se castigue a evasores fiscales y se multe a quienes no cumplen el reglamento. Con suerte, en menos de un año los capitalinos estarán manejando como lo hacen en Chihuahua, Sonora o Baja California desde hace décadas.

Finalmente, el tercer ejemplo, en el que he insistido mucho: el Sistema Nacional Anticorrupción. Como los dos anteriores, puede funcionar, y bastante rápido, si resulta claro que los infractores pueden ser castigados, y de forma severa. Tenemos que aterrizar este Sistema en los próximos meses para terminar en mayo, y tenemos que hacerlo de forma que los gobernadores se den cuenta de que no son todopoderosos ni impunes. Si hemos logrado que los mexicanos paguen impuestos, y que los capitalinos manejen cortésmente, podemos lograr cualquier cosa, hasta doblegar a los gobernadores. Duro con ellos.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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