Opinión

Reformas y legado

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Enrique Peña Nieto

El espectro de Carlos Salinas debe rondar Los Pinos. Carlos Salinas fue un presidente con profundo ánimo reformador. Menospreciado desde su candidatura, con un triunfo dudoso, supo imponerse al adverso entorno mediante golpes de mano autoritarios, pero también con gran capacidad de negociación, especialmente con el PAN, para impulsar el primer conjunto de reformas que empezaban a borrar al México de la Revolución. Incluso logró imponer el Tratado de Libre Comercio, en contra de la voluntad de muchos mexicanos, incluyendo a buena parte de su partido. Pero lo derrotó la soberbia, combinada con la mala suerte, en la forma de una elección presidencial estadounidense muy complicada, en la que fue derrotado su socio en el TLCAN. Con la economía vulnerable, el año adicional que requirió el nuevo presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, terminó por poner a México al borde de la bancarrota. De ahí el famoso “error de diciembre”, y la transformación de Salinas del presidente más popular en México a fines de 1993 en el más odiado, a inicios de 1995.

Peña Nieto ha mostrado una gran capacidad de negociación, que le permitió sacar adelante la segunda ronda de reformas, en buena medida de acuerdo con el PAN, e incluyendo la energética, en contra de la opinión de muchos de los priistas. Ahora enfrenta una elección presidencial en Estados Unidos que es todavía más complicada que la de 1992, en donde los resultados serán malos o peores para nosotros.

Conociendo eso, con la experiencia sufrida por Salinas, creo que se abre para Peña Nieto una oportunidad de no repetirla. Las virtudes de las reformas tardan en notarse. El mismo TLCAN, a más de 20 años de existir, sigue sin ser reconocido como la llave del funcionamiento económico de México. Tampoco en Estados Unidos es general el reconocimiento al tratado. Por lo mismo, debería ser evidente que el futuro de Peña Nieto no depende de ello. Ya logró las reformas, y no obtendrá más de ellas en un buen rato. Su gran oportunidad está en otro lado.

Las acusaciones en contra de Peña Nieto se concentran en la historia del PRI: corrupción y abuso de poder. Por eso los eventos de septiembre de 2014 pegaron tan duro, la 'casa blanca' y la tragedia de Iguala. En el imaginario popular, es creíble la corrupción asociada a los contratos, y el abuso contra los estudiantes. No importa si esos casos son o no ciertos, son creíbles, y con eso es suficiente. Una primera respuesta de parte del gobierno: la reforma judicial, el sistema Nacional Anticorrupción y la investigación en Iguala parecía tener futuro, pero todo acabó enfangado. Las reformas no avanzan, la investigación es muy dudosa.

Pero justo eso es lo que abre una oportunidad para Peña Nieto. Relanzar la reforma que crea la Fiscalía de la Nación, terminar el proceso del Sistema Anticorrupción, puede evitarle la tragedia que vivió Salinas, que en su caso puede ser peor, porque 20 años no pasan en balde. En ningún caso pone en riesgo ni su posición, ni el futuro próximo de su partido, pero sí cambiaría la perspectiva hacia 2024 y 2030. Ya no puede seguir parchando, debe sentar las bases del Estado de derecho.

Peña Nieto no controla al Congreso, pero su influencia en el PRI es inmensa hoy. Lo será menos cada día, conforme avance la sucesión. Su futuro, la forma como será recordado, está en sus manos por unas pocas semanas más. Si tiene dudas, que consulte al espectro mencionado.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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