Opinión

Reformas: dependen de sus detalles

03 diciembre 2013 5:2

 
El diablo está en los detalles, dice el adagio. Y lo está sobre todo en el ámbito de las leyes.
 
Estamos al final de una secuencia de reformas constitucionales que, si se miran en conjunto, representan uno de los cambios más profundos del armazón jurídico básico del país en los últimos 30 años.
 
 
Se reformaron en la Constitución temas como la educación, las telecomunicaciones, la transparencia, el amparo, la competencia. Vienen cambios en energía y en las reglas políticas.
 
 
Sin embargo, hay muchas disposiciones en las que hacen falta las leyes reglamentarias, que en mucho, son las que van a definir el alcance efectivo de los cambios constitucionales.
 
Le pongo como ejemplo el caso de la energía.
 
Ha existido una cierta confusión en el alcance de la reforma energética derivado de la forma en que se presentó.
 
Dio la impresión de que se iba a discutir al mismo tiempo el cambio constitucional de los artículos 27 y 28 y las leyes secundarias que darían sustancia a ese cambio.
 
 
Si en algún momento hubo esa intención por parte del gobierno, resultó claro desde hace algunas semanas que no va a ser así.
 
 
Lo único que se va a dictaminar son sólo las reformas a los artículos 27 y 28.
 
 
La reforma al 27 en materia de hidrocarburos simplemente elimina la prohibición de los contratos en materia de hidrocarburos y los permite explícitamente en el caso de la electricidad. Se mantiene la prohibición de las concesiones.
 
 
De hecho, Pemex permanentemente celebró contratos diversos, por lo que el propio texto constitucional se vio rebasado por la realidad, lo mismo que en el caso de la electricidad, pues una parte importante ya corresponde a generación privada que luego se vende a CFE.
 
 
En el caso de la reforma al artículo 28, se quita de la lista de las actividades estratégicas, reservadas en exclusiva al Estado, petróleo e hidrocarburos, y electricidad.
 
 
Todos los otros detalles que han sido objeto de discusión intensa en las pasadas semanas, como el tema de la utilidad compartida, la producción compartida o las licencias, corresponden a las leyes secundarias cuyas iniciativas no se conocen o no existen.
 
 
En el caso específico de los hidrocarburos, la legislación secundaria debe estar en el filo de una navaja.
 
 
Debe ser lo suficientemente restrictiva para que corresponda al texto constitucional, que prohíbe las concesiones y mantiene la propiedad estatal de los hidrocarburos.
 
 
Pero también debe ser lo suficientemente amplia para que resulte atractiva a la inversión privada, pues de no ser así, entonces ni siquiera tendría caso hacer la reforma constitucional.
 
 
Pero, todo ello es indefinible con la mera modificación constitucional.
 
 
Pasa lo mismo en el caso de las telecomunicaciones. Aunque la reforma en la materia es mucho más explícita que en el ámbito de la energía, será hasta que la legislación secundaria esté lista cuando podremos ver con detalle si las modificaciones constitucionales tiene un aterrizaje efectivo.
 
 
Reitero, el diablo está en los detalles y estos los conoceremos probablemente hasta bien entrado el primer trimestre del próximo año.
 
De pena
 
No resulta sorpresivo pero sí penoso.
 
 
Con maestros como los que hemos visto en las calles de la Ciudad de México hubiera sido absolutamente sorpresivo que México hubiera mejorado en materia de educación.
 
 
Los resultados que hoy se dan a conocer de la evaluación que realiza internacionalmente la OCDE, la ya muy célebre prueba PISA, en los que México retrocede calificaciones en lectura, matemáticas y ciencias, justifican la necesidad de un cambio profundo en la educación.
 
A muchos nos queda la duda de si las reformas constitucional y legal, así como la detención de Elba Esther Gordillo, van a ser suficientes para propiciar ese cambio.
 
 
Si no lo hacemos, olvídese de todas las otras reformas: van a ser inútiles.
 
 
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