Opinión

Reformar el gasto social


 
 
Una reforma que pocos mencionan, pero que sería trascendente es la del gasto social en México.
 
Si se cumpliera el Compromiso Adicional número 10 del Adéndum del Pacto por México suscrito el 7 de mayo, tendríamos una transformación completa de la política social en México que pocos han visto.
 
En el documento que sirvió para el relanzamiento de este acuerdo entre el gobierno y los principales partidos políticos del país, aparece una reforma estructural que ha sido ignorada, la de la política social.
 
Dice el Compromiso señalado:
 
"Instalar una mesa integrada por los representantes del consejo rector y de los grupos parlamentarios, para acordar una iniciativa que cree el Sistema Nacional de Programas Sociales, que permita combatir con mayor eficacia la pobreza y que evite las duplicidades, los subsidios regresivos; que establezca evaluaciones permanentes, transparencia integral, así como la profesionalización de los delegados y operadores de los programas sociales."
 
El señalamiento anterior, más que aludir al uso electoral de los programas sociales (que fue lo que motivó el Adéndum) habla de un problema estructural de la política social: los subsidios regresivos y las duplicidades.
 
El análisis del impacto distributivo del gasto social se realiza evaluando cuál es el cuadro de distribución del ingreso en México antes de que se realice cierto tipo de gasto público y cuál es el que resulta después de haberse efectuado.
 
Un análisis del Banco Mundial a principios de la década pasada llegó a conclusiones 'políticamente incorrectas', pues sería muy impopular operarlas, pero que son reales.
 
Por ejemplo, encontró que los desembolsos a los pensionados del ISSSTE y el gasto en educación pública superior tienen un efecto regresivo en la distribución del ingreso del país.
 
Es también el caso del subsidio a la electricidad doméstica, la gasolina, la tasa cero del IVA en alimentos y medicinas, y el pago de los gastos de salud de los trabajadores de Pemex o de los del IMSS, por citar sólo algunos casos.
 
En contraste, tienen un efecto progresivo en la distribución del ingreso programas como Oportunidades, el gasto público en educación preescolar, primaria y secundaria, así como el cuestionado Procampo.
 
Resulta que de 21 políticas públicas analizadas, 15 tienen efectos regresivos y sólo 5 propician una redistribución progresiva del ingreso.
 
Las conclusiones de ese trabajo: 'Gasto público, pobreza y desigualdad', han sido corroborados por estudios posteriores.
 
Así que si los partidos fueran consecuentes, tendrían que propiciar ajustes de cientos de miles de millones de pesos en el presupuesto.
 
Por ejemplo, al ritmo que vamos, el subsidio a las gasolinas va a significar este año poco más de 100,000 millones de pesos (con todo y sus alzas mensuales). Los gastos fiscales derivados de la tasa cero del IVA fueron estimados por Hacienda este año en 189,280 millones de pesos.
 
Las pensiones de los propios trabajadores del IMSS requieren este año 53,000 millones de pesos, las de los afiliados al ISSSTE 104,000 millones y las de Pemex 35,000 millones, por citar apenas algunos ejemplos.
 
Honestamente, dudo que los representantes de los partidos políticos y el gobierno agarren este toro por los cuernos y eliminen, o al menos reduzcan, el gasto público que tiene efectos regresivos en la distribución del ingreso, por el enorme costo político que ello les representaría.
 
Sería el primer sorprendido si realmente lo hicieran. Pero al menos ya es ganancia que hayan puesto sobre la mesa un tema al que debemos entrarle si realmente queremos un México más equitativo en los próximos años.
 
 
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