Opinión

Reforma político-electoral


 
 
El PAN y el PRD presentaron ayer dos propuestas de reforma política y electoral. Los temas abarcan aspectos muy variados: desde la ratificación del gabinete por parte del Congreso, hasta la segunda vuelta y la reelección legislativa. En materia electoral se abordan muchos temas, pero quizá el de mayor impacto sea la idea de crear un Instituto Nacional Electoral que sustituya a los estatales y centralice la organización de las elecciones.
 
 
El aspecto más positivo y relevante de las propuestas de ambos partidos es permitir la reelección de legisladores (y en el caso del PAN también de presidentes municipales). Se trata de la reforma madre del sistema político que puede contribuir, junto con otras medidas, a profesionalizar el desempeño de los congresos y de los ayuntamientos, así como fortalecer su rendición de cuentas. 
 
 
Una de las causas de los pocos resultados de la política social, por ejemplo, es la falta de un Congreso que realice su labor de evaluación de los programas públicos con rigor y oportunidad. Una de las razones de que la corrupción se haya detonado en los últimos años es la falta de una fiscalización profesional y permanente por parte del Legislativo, no sólo para la estridencia mediática sino una labor cotidiana de investigación de los dineros públicos.
 
 
Sin reelección no habrá jamás ni especialización ni profesionalismo en el trabajo legislativo, a pesar de que en cada Legislatura haya una veintena de legisladores muy experimentados y eficaces. Por ello es contradictorio pedir que el Congreso apruebe el Plan Nacional de Desarrollo, como se ha sugerido, si es incapaz de cumplir correctamente su actual función de evaluación de los programas sociales o de fiscalización del gasto público. También es una aventura proponer que el Congreso ratifique al gabinete si no puede nombrar en tiempo y forma a los consejeros del IFE, como ha ocurrido en los últimos años. La reelección es una medida que ayudaría a remontar algunas deficiencias del desempeño del Congreso.
 
 
La otra propuesta relevante de ambos partidos, aunque por malas razones, es la de crear un Instituto Nacional Electoral. Tienen razón Gustavo Madero y Jesús Zambrano, presidentes del PAN y del PRD, cuando acusan que muchos gobernadores ejercen una influencia indebida sobre los órganos electorales (al igual que sobre los poderes legislativos y judiciales de sus entidades). Combatir esa intromisión que practican gobernadores de todos los partidos, sin embargo, no requiere centralizar burocracias, sino quizá algunas funciones. En lugar de lanzar una bomba que destruya el andamiaje electoral de los estados para construir independencia, hay otros métodos más eficientes y de bisturí, no de bombazos institucionales.
 
 
Por ejemplo, centralizar el proceso de nombramiento de los consejeros electorales: que los congresos locales elaboren una propuesta de candidatos pero que sea el Senado o el Tribunal Electoral federal el que los designe. También homologar duración, funciones y cancelar la manzana envenenada de la reelección de consejeros que ata su corazón a los partidos. Estas medidas pueden ayudar a limitar la intromisión indebida que sí existe pero que requiere bisturí, no bombazos. (Porque si se trata de combatir intromisiones indebidas, habría también que centralizar los poderes legislativos y muchos judiciales, hoy cooptados también por el poder de algunos gobernadores).
 
 
Dos comentarios finales. Me gusta la propuesta de segunda vuelta que hace el PAN: para que haya ganador en la primera ronda de una elección presidencial, el puntero debe ganar el 50% más uno de los votos, o bien, superar un umbral de 40% de la votación siempre y cuando haya una distancia de 10 puntos con el segundo lugar. También me parece pertinente que el PRD busque restringir el papel corruptor de los presupuestos de propaganda gubernamental. Propone limitarlo en monto. Sin duda, esa medida contribuiría no sólo a estimular que los medios vivan de sus lectores y no de los presupuestos públicos, sino además abarataría el costo de las campañas.
 
 
Estas dos últimas propuestas, así como la reelección, sí son reformas transformadoras: eficaces, puntuales, con metas asequibles. Lamentablemente, la propuesta de crear un elefante electoral central puede ganar aplausos fáciles y así distraer la atención de lo relevante.
 
 
Twitter: @LCUgalde