Opinión

Reforma política en puerta


 
Es muy probable que el Congreso apruebe este mes una reforma político-electoral, antesala de la energética. Contendría dos medidas centrales: la creación de un instituto nacional de elecciones y la reelección legislativa y de presidentes municipales. (De forma paralela se legislarán las candidaturas independientes y la consulta popular, pero estas figuras derivan de otra reforma política, aquella de 2012).
 
En diversos foros he cuestionado la idea de centralizar la organización de elecciones en una gran burocracia que se encargue de organizar los comicios de presidente, gobernadores, senadores, diputados federales y locales, así como presidentes municipales. Saturar al IFE con tantas atribuciones puede hacer realidad el Principio de Peter aplicado a lo electoral: que el instituto alcance su nivel de incompetencia, además de que el ahorro presupuestal de desaparecer las burocracias estatales sería limitado y se corre el riesgo de que cada conflicto electoral local adquiera dimensiones nacionales.
 
 
Ante los riesgos evidentes, ha trascendido que se optaría por una solución intermedia: que permanezcan los institutos electorales de los estados y que algunas de sus funciones sean absorbidas por el IFE: la redistritación electoral, el pago de proveedores de campañas (la llamada chequera centralizada), algunas fases de la fiscalización de partidos. Asimismo, que el nombramiento de los consejeros electorales estatales —mecanismo que con frecuencia controlan los gobernadores para colocar a funcionarios afines— sea realizado por el IFE —o bien, por el Senado de la República o el Tribunal Electoral federal.
 
 
Me parece que esta salida intermedia puede ser benéfica: los institutos estatales realizan sus funciones de organización electoral pero con consejeros que tengan mayor independencia frente al poder político en razón de su mecanismo de nombramiento; y el IFE absorbe algunas funciones que puede realizar con mayor destreza e imparcialidad. Si eso es así, no vale la pena cambiar de nombre: IFE es una marca ampliamente conocida con valor y reconocimiento; no vale la pena cambiar la “F” por una “N” y tirar una inversión de 23 años.
 
 
La otra medida relevante de la nueva reforma política —acaso la reforma más trascendente del sistema político mexicano en las últimas décadas— es la reelección, tanto legislativa como de presidentes municipales. En el ámbito federal urge un Congreso —que siendo más independiente y vociferante— sea también más profesional. En el ámbito de los estados, muchos congresos se encuentran cooptados por el gobierno del estado y claramente la reelección puede ser una vía para liberar a los legisladores locales del yugo que muchos padecen en razón de que sus carreras políticas dependen de su gobernador.
 
 
Respecto la reelección de presidentes municipales, sólo agrego un argumento: una de las razones de la baja recaudación de predial, el único impuesto significativo que controlan los ayuntamientos, es el horizonte de tres años. ¿Para qué reformar el catastro y causar molestia si quien se beneficie de la mayor recaudación será el que sigue? Por eso la estrategia dominante de los alcaldes una vez que llegan al cargo ha sido vivir de las transferencias y, cada vez más, de contratar deuda.
 
 
Por la reelección, la nueva reforma política sería de enorme trascendencia y beneficio para la democracia y debemos celebrarla. Por la centralización de funciones electorales en el IFE —siempre y cuando no desaparezcan los institutos estatales, sería un paso modesto en el sentido correcto que sin embargo no atacaría el problema central de la democracia electoral: el costo creciente de las campañas cuyo financiamiento —la mayoría desconocido— tiene un efecto corruptor sobre la vida pública del país.
 
 
Como en lo electoral no se atacarán los problemas de fondo, México seguirá sucumbiendo a la “reformitis” cada seis años. Casi puedo asegurar que en 2019 los perdedores de la elección del año previo exigirán una nueva reforma electoral, como sucedió en 2007 (PRI y PRD) y ahora en 2013 (PAN y PRD).
 
 
Twitter: @LCUgalde