Opinión

Reforma fiscal

10 febrero 2014 4:7 Última actualización 02 septiembre 2013 5:2

 
Rodolfo Navarrete
 
La semana pasada el secretario de Hacienda hizo algunos señalamientos sobre la reforma fiscal que se presentará al Congreso en los próximos días, mismos que permiten delinear algunas de sus principales características. En función de éstas toma fuerza nuestra hipótesis de que la economía resentirá presiones recesivas e inflacionarias durante buena parte de 2014.
 
 
Entre otros puntos, el secretario señaló que uno de los objetivos de la reforma fiscal es incrementar la progresividad del sistema impositivo, de modo que “quien gane más, pague más”. Agregó, además, que en el caso de las exenciones y deducciones del Impuesto a la Renta, el 10 por ciento más rico de la población se beneficia de 88.7 por ciento de las deducciones personales y el 20 por ciento más rico de 55 por ciento de las exenciones.
 
 
Por otra parte, señaló que otro de los objetivos de la reforma es fortalecer la capacidad financiera de los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal). Destacó además que el nuevo sistema fiscal deberá favorecer la simplificación, a la vez que deberá estar dirigido a combatir la informalidad.
 
 
En función de estos elementos y de lo que ha venido especulándose en los medios, bien podría inferirse que la reforma fiscal que se presentará esta semana posiblemente contendrá los siguientes elementos:
 
 
1. El incremento del Impuesto sobre la Renta (ISR), cuyo límite superior bien podría pasar de una tasa actual de 30 por ciento a una ubicada dentro de un rango comprendido entre 35 y 39 por ciento, vale decir un nivel intermedio de  37 por ciento.
 
 
2. La revisión de las exenciones y deducciones permitidas. Entre las primeras se especula que podría eliminarse la exención de la enajenación de acciones a través de la bolsa de valores, los provenientes de herencias o legados y  la consolidación fiscal, entre otras. Dentro de las segundas, podría estar la deducción por pago del interés real de las hipotecas, etc.
 
 
3. La homologación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a alimentos y medicinas, exceptuando, tal vez, una pequeña canasta básica de al menos 5 productos básicos. Igualmente, la homologación del IVA a las zonas fronterizas, mismas que al día de hoy se encuentran sujetas a un impuesto de 11 por ciento.
 
 
4. Incrementar y mejorar la captación tributaria estatal, sobre todo en lo que se refiere al impuesto predial.
 
 
5. La eliminación de una vez por todas de los subsidios al consumo de los energéticos, en particular de la gasolina, a través de un incremento en los precios y, tal vez, el aumento del desliz mensual. En tal sentido, un incremento de 10 por ciento en el precio de los combustibles podría ser factible. Igualmente, cabe la posibilidad de observar una disminución del subsidio al consumo de electricidad.
 
 
6. Sobre el gasto público, es posible que se disponga la reorganización de algunas empresas y entidades del sector público, tratando de eliminar la duplicidad de funciones.
 
 
Si esto fuera así, no se pueden descartar algunos efectos recesivos en el corto plazo, aunque en el mediano provocaría una mejoría de los balances macroeconómicos que podrían alentar una mayor inversión privada. Pero no sólo eso, tales incrementos de impuestos de una u otra forma tendrán que ser trasladados tarde o temprano a los precios de los productos finales, por lo que no podría descartarse un fuerte rebote de la inflación a partir de enero del próximo año, fecha en que empezará a regir el nuevo presupuesto público.
 
 
En este sentido, es de esperar que las empresas resientan el efecto del aumento de los impuestos, que para el caso de algunas de ellas podría ser doble, debido, primero, a la eliminación del sistema de consolidación; y, segundo, al aumento de la tasa impositiva. Igualmente, para las familias el aumento de impuestos provocará la diminución de su ingreso disponible y por tanto el gasto en general.
 
 
De acuerdo con nuestros cálculos, mismos que habíamos adelantado la semana pasada, esperamos que la economía crezca 1.1 por ciento este año y 2.3 por ciento el próximo, mientras que por el lado de la inflación estaríamos revisando al alza nuestra estimación de 2014 en algo así de 1.0 o 1.5 puntos porcentuales, toda vez que en nuestro escenario ya teníamos contemplado del efecto de la posible homologación del IVA a alimentos y medicinas. Esto llevaría a la inflación estimada para 2014 a niveles de entre 5.75 y 6.25 por ciento.
 
 
Obviamente, que estas cifras tendrán que volverse a revisar posteriormente, una vez que se conozcan los pormenores de la reforma fiscal y, no sólo de eso, sino también de lo que finalmente apruebe el Congreso.
 
 
Por lo que se refiere a la política monetaria, seguimos pensando que el banco central tendrá poco incentivo para reducir la tasa de interés, pese a que la combinación entre la desaceleración de la economía y la baja inflación actual así lo aconseja. Esto debido a lo peligroso que sería reducir las tasa de interés en circunstancias en que los países emergentes están viendo salidas de capitales a consecuencia del posible inicio del retiro de estímulos monetarios por parte del banco central estadounidense y del rebote inflacionario que implicaría la aplicación de la reforma fiscal.  
 
 
Economista del sector privado.