Opinión

Reforma fiscal: lo bueno, lo malo y lo feo


 
El domingo pasado el presidente Peña Nieto presentó la iniciativa de reforma hacendaria, así como la propuesta de paquete económico para 2014.
 
 
En mi opinión, lo bueno es que es la mejor reforma fiscal que se ha presentado en más de 15 años, sobre todo en cuanto a la capacidad para reducir la dependencia de ingresos petroleros, actualmente alrededor de 35 por ciento y el principal talón de Aquiles de las finanzas públicas en México.
 
 
En este sentido, aplaudo la eliminación de los tratamientos especiales, regímenes preferenciales, deducciones y exenciones a pago de ISR e IVA. En particular, la desaparición de la exención al pago del IVA en el transporte público terrestre foráneo. Asimismo, me parece excelente la eliminación del Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE), que a mi juicio no ayudaba a propiciar un mayor grado de bancarización en el país.
 
 
Adicionalmente, creo que la implantación del impuesto especial a bebidas azucaradas es un asunto toral para desincentivar la ingesta de estos productos en nuestro país, el consumidor número uno de refrescos azucarados per cápita del mundo. Si bien es más importante que mejore la educación para que sean los mismos ciudadanos quienes decidan consumir una menor cantidad de refrescos, el nuevo impuesto coadyuva a continuar en la lucha por disminuir el problema de obesidad en México.
 
 
En cuanto a la eliminación de las exenciones al pago de IVA por concepto de colegiaturas, creo que es bueno, desde el punto de vista recaudatorio. No obstante lo anterior, en la medida que no exista un nivel educativo significativamente más alto en las escuelas públicas -relativo a las privadas-, pagar IVA en colegiaturas es prácticamente una doble tributación a la sociedad, que desea que sus hijos estén más preparados y que en la mayoría de las ocasiones no encuentra una oferta educativa de buen nivel en muchas de las escuelas públicas.
 
 
Lo malo de la reforma propuesta, desde mi punto de vista, es que no se plantea la extensión del IVA a alimentos y medicinas, así como a algunos otros productos y servicios exentos o que pagan tasa cero. Si bien la eliminación de las exenciones al pago de IVA propuestas sí aumentarán la base de contribuyentes, desgraciadamente el esfuerzo es muy limitado en comparación con la imposición de IVA a alimentos y medicinas. En este sentido, una vez más, seremos los cautivos -que hoy por hoy pagamos más impuestos-, quienes pagaremos todavía más.
 
 
Lo feo, en mi opinión, es que la reforma plantea un cambio de 180 grados en cuanto a la señal que se dio al inicio de la administración actual respecto a mantener finanzas públicas sanas, que a su vez dio origen a la propuesta de déficit “cero”, aprobado por el Congreso para este año (2 por ciento si incluimos las inversiones de Pemex).
 
 
La reforma propone revertir esa idea e incurrir en un déficit de 2.4 por ciento del PIB para 2013. Pero más importante aún, es que para 2014 se propone aumentar el déficit en 1.5 puntos del PIB, a 3.5 por ciento, el déficit más alto que se ha tenido en muchos años. Si bien se propone como medida contracíclica para apoyar el crecimiento económico y también se plantea reducirlo gradualmente a 2 por ciento en 2017, preocupa el cambio de señales tan importante. Creo que esto puede ser una razón para olvidarnos de un aumento de calificación crediticia por parte de las agencias calificadoras, que los participantes del mercado han estado esperando.
 
 
Asimismo, este incremento de déficit significaría una mayor emisión neta de deuda que se llevará a cabo en un momento en el que los bancos centrales globales estarán reduciendo el estímulo monetario o inclusive restringiendo su política monetaria, asunto que disminuirá el apetito por activos financieros de mercados emergentes, máxime en donde -en sentido contrario a lo que está ocurriendo en el mundo- se está recortando la tasa de referencia, como ocurrió el viernes pasado en México.
 
 
Hacia delante, será muy importante que quede muy clara la aplicación de la regla fiscal, que sin duda es una muy buena idea si se aplica “al pie de la letra”, para que realmente se puedan implementar estímulos cuando la economía crezca poco y se ahorre en épocas de bonanza, como lo plantean estas reglas fiscales.
 
 
Director General de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte.