Opinión

Reforma energética sí, ¿pero cuál, cuándo y con qué epistemología?

10 febrero 2014 5:7 Última actualización 23 agosto 2013 5:44

 
Roberto Escalante Semerena
 
 
En la última semana el tema más citado desde los diarios, medios de comunicación, ámbito académico, transporte y calles ha sido la reforma energética. Las tres principales fuerzas políticas ya han expuesto su propuesta de reforma energética. El asunto principal, entonces, es qué Reforma Energética le conviene a la sociedad mexicana que, como explicó recientemente la Coneval, es una sociedad mayoritariamente de pobres y, como ha dicho Hacienda, una economía que recauda pocos impuestos, particularmente de los más ricos. En ese contexto habrá que tomar la decisión. Hay dos grupos de propuestas. La del PRI y el PAN y un segundo grupo encabezado por la propuesta del PRD.
 
 

La diferencia central entre estos dos grupos, particularmente entre la propuesta del ejecutivo (régimen de utilidad compartida) y la que no propone cambios constitucionales, estriba en que con los cambios constitucionales, Pemex competiría con otras empresas para la extracción de petróleo y la utilidad del petróleo será compartida –hasta 50% según declaraciones aunque esta cifra no está reglamentada–.
 
 
El éxito de una empresa radica, entre otros asuntos, en su eficiencia. Entiéndase ésta por su capacidad de incrementar el margen entre el precio y el costo, ofertando bienes de alta calidad. Por excelencia esto se logra mediante la innovación tecnológica. Se tiene la idea que solamente las empresas privadas pueden lograr la eficiencia a diferencia de las públicas, pues las primeras en su interés por aumentar las ganancias, buscan procesos de innovación, en tanto las segundas se “vuelven” un lastre de las cuentas públicas. Empero, la eficiencia al pasar por la innovación tecnológica pasa también por la inversión y la inversión no es exclusiva de las empresas privadas, es decir, la innovación y eficiencia no son exclusivas de las empresas privadas.
 
 
Otro argumento epistemológico que ampara la propuesta del PRI y del PAN se circunscribe en el marco de la competencia del mercado, se arguye que con la competencia los precios de los bienes por definición bajan y que las empresas se vuelven más eficientes. Sin embargo, desde hace mucho tiempo se sabe que esa receta de libro de texto básico de Economía no vuelve a las empresas, per se, más eficientes sino que sólo sanciona a las que lo son y no lo son. y dependiendo del tipo de mercado que se trate, los precios pueden bajar o subir.
 
 

En mercados oligopólicos como los energéticos, los precios generalmente suben. Es decir, el libre mercado y la competencia no vuelve más eficientes a las empresas sino que beneficia a las se han dedicado a invertir y hacer eficientes sus procesos productivo. Esto último lo entendieron y lo siguen entendiendo países industrializados como (China, Japón, Estados Unidos) que protegen industrias estratégicas (sin perder la visión de eficiencia) y una vez que están listas para la competencia las liberan, pero no abruptamente.
 
 

La distribución de los dividendos en una empresa privada es un privilegio exclusivo del dueño o de los accionistas de las mismas. En una empresa pública los dividendos pueden ser distribuidos con base a proyectos nacionales de desarrollo y, también, considerando, las necesidades de las empresas en cuestión.
 
 

Una vez que se han dilucidado estos términos genéricos, se plantean una serie de dudas: si la eficiencia no es exclusiva de las empresas públicas ¿no será factible robustecer a Pemex disminuyendo su carga fiscal y con ello darle margen de inversión? Sí es posible. Sin embargo, esto implicaría hacer una reforma fiscal en México que privilegiará que los de alta y muy alta renta dejen de beneficiarse de los recursos que Pemex trasfiere a las finanzas públicas como, por ejemplo, gasolinas baratas, exenciones fiscales y bajas tasas de impuestos. Y cuándo hacerla la reforma. No es lo mismo ser una empresa cuándo se tiene estabilidad y fortaleza financiera que cuándo ha sido, por años, exprimida y debilitada.
 
 
Otra posibilidad si a Pemex se le redujera la carga fiscal y se le otorgara autonomía administrativa, sería que después de reinvertir en Pemex, podría invertir e innovar en energías sustentables, tema, muy importante, que no se ha contemplado en las propuestas.
 
 
Sin duda hay que hacer la reforma energética. La pregunta es si va a resolver el esquema de despilfarro público actual o lo que va a generar es una mayor concentración de la riqueza en manos privadas, con la excusa de la eficiencia y la competencia. Esos argumentos, son cuentos chinos. Ni los economistas ortodoxos inteligentes los comparten.

semerena@unam.mx
 
Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM