Opinión

Reforma energética: por qué las objeciones

24 septiembre 2013 5:2

 
 
La propuesta de reforma energética que envió al Congreso el presidente Enrique Peña hace algunas semanas ha dejado tres tipos de insatisfacción.
 
 
Por una parte, están quienes consideran que fue demasiado tibia. Algunos inversionistas y expertos esperaban que la propuesta contuviera un esquema basado en concesiones, que mantienen la propiedad originaria del Estado para los hidrocarburos, pero que entregan en explotación a un particular a cambio de un pago.
 
 
Es el esquema más simple y probablemente el más eficiente y atractivo para la inversión privada. Pero no se ofreció.
 
 
El otro tipo de insatisfacción fue el expresado ayer en el Senado por Cuauhtémoc Cárdenas, quien señaló que la propuesta enviada por el presidente es “privatizadora” al establecer el esquema de “utilidad compartida”.
 
 
Y, el tercero, ya se había manifestado desde el viernes, cuando en la entrevista que le hizo Carmen Aristegui, López Obrador anunció su intención de no acudir a las consultas del Senado porque presuntamente sólo legitimarían una decisión ya tomada.
 
 
Bueno, pues ayer, el propio PRD se hizo eco de este planteamiento y anunció su retiro de los foros organizados por el Senado debido a lo que consideraron una inequidad en la selección de invitados.
 
 
Sin embargo, el PRD, antes de retirarse ya había dado a conocer su posición, en la voz de Cuauhtémoc Cárdenas.
 
 
Veamos cada objeción.
 
 
Respecto al primero, le aseguro que si sólo dependiera de criterios técnicos, la opción de los algunos de los integrantes del gabinete de Enrique Peña hubiera sido el otorgamiento de concesiones, pues éstas preservan la propiedad original de la nación pero se entregan para usufructo a un particular, bajo ciertas reglas y exigencias.
 
 
El gobierno de Peña entendió que el costo político de ese planteamiento era muy elevado. Aun si la mayoría de los priistas hubieran votado a favor y hubieran hecho mayoría con los panistas, se hubiera generado la posibilidad de una respuesta de AMLO y de la izquierda que en las calles hubieran podido poner en riesgo la aprobación misma de la reforma.
 
 
De hecho todavía unos días antes de que la reforma se aprobara, se iba a manejar el concepto de “producción compartida”. Al final, la posibilidad de sumar o al menos no generar oposición de algunas corrientes del PRD hizo mover el concepto hacia “utilidad compartida”.
 
 
No es la mejor opción para atraer inversión, pero es infinitamente mejor que todos los esquemas que se han probado hasta ahora. Le insisto en lo dicho hasta ahora. Era la reforma posible.
 
 
La objeción de que es una propuesta “privatizadora” apela a las emociones. Sin embargo, hasta ahora las movilizaciones que se han presentado en contra de la reforma no son precisamente de cientos de miles de personas.
 
 
La apuesta de quienes quieren echar por tierra el planteamiento es una consulta en la que se verbalice la pregunta de tal forma que la gente diga que no se está de acuerdo en la privatización de Pemex.
 
 
Algunos han planteado que el gobierno debiera haber ido por una apertura total si de cualquier manera iba a haber oposición a ella.
 
 
Disiento de ese juicio. Creo que la oposición es mucho menor a la que hubiera existido en el caso de una propuesta –por ejemplo- basada en concesiones.
 
 
Finalmente, si es cierto que entre los participantes al foro del Senado hay 50 invitados por el PRI, 26 por el PAN y sólo 8 por el PRD, sin duda habría una enorme asimetría.
 
 
Sería deseable que se hiciera el trabajo político –si así fueran la cosas- para equilibrar a los ponentes.
 
 
Y digo que “si así fueran las cosas” porque pareciera que más bien fue una posición del PRD para evitar que la actitud de AMLO de no asistir fuera a debilitarlos.
 
 
Seguramente veremos pronto su regreso a la mesa, habiendo negociado mejores condiciones para sus invitados.
 
 
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