Opinión

¿Reforma electoral base cero?

 
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José Woldenberg, ex consejero del IFE. (Cuartoscuro)

Los pasados 22, 23, 24 y 25 de septiembre se llevó a cabo el seminario internacional Evaluación de las elecciones 2015 y reforma electoral 2014: Diagnóstico y propuestas. La sede fue el Palacio de la Escuela de Medicina y convocaron el Centro de Investigación y Docencia Económicas, la Universidad Autónoma de México y el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Contaron con importantes académicos y autoridades de primer nivel en la materia.

El espacio sirvió para una profunda reflexión de la aplicación en el proceso electoral de la nueva legislación electoral (como cada proceso electoral) aprobada en 2014, y en la jornada per se y sus implicaciones en el sistema y el régimen político, en el cual hubo coincidencias en que a pesar de las amenazas, y como José Woldenberg definiera “asechanzas”, el proceso electoral se llevó a cabo y la “rutina electoral” permitió la expresión, haciendo legitima la pluralidad que hoy se vive en la Cámara de Diputados y en las entidades federativas.

Coincidiendo con Luis Carlos Ugalde en la ambigüedad de los objetivos que se querían alcanzar con la reforma y por ende la evaluación de la misma.

Sin duda se trató de un proceso histórico que deja profundas reflexiones que atender para la elección de 2018, que se antoja aún más compleja que a la que acabamos de asistir.

Se pudiera concluir que fue una jornada histórica, según datos vertidos en el seminario, fueron las elecciones con más dinero (cinco mil 199 millones de pesos y considerando la triada INE, Tribunal y FEPADE más de 21 millones 786 mil pesos); con más violencia, pero también con más trasparencia; y más publicidad estéril (mas de 40 millones de spots); aumento en la judicialización y más competencia (incertidumbre en cinco de las nueve gubernaturas); alternancia en 102 de los 300 distritos, en cinco de las nueve gubernaturas, ocho de las 17 capitales y las primeras con la figura de candidatos independientes.

Me llevo del seminario más preguntas que certezas. Se vertió la necesidad de una reforma base cero en lo electoral. Sin duda hay muchas cosas que revisar, y hoy México vive un contexto diferente, hemos avanzado y los excesos legales buscan resolver problemáticas de cultura política.

La sombra de la desconfianza ensancha nuestra legislación y por ende las instituciones democráticas, entorpeciéndolas.

Considero un acierto y reconozco desde estas humildes líneas el trabajo de la doctora Irma Méndez de FLACSO, quien como última ponente cerró el seminario de manera brillante, al afirmar que lo que debemos esperar de una reforma es que satisfaga al cliente, y en tal sentido provoca a la legislación base cero a quedarse corta aún y cuando existieran las condiciones para llevarla a cabo.

En su ponencia habla de un nuevo paradigma de elecciones con “integridad”, derivando de ahí el concepto de “buenas prácticas”.

Sin duda existen muchos aspectos que debemos revisar de la aplicación en “el terreno” de una reforma que como lo he afirmado en anteriores colaboraciones, fue una moneda de cambio que quedó incompleta por decirlo de algún modo.

Sin embargo, el grave problema de nuestra calidad democrática podemos ceñirlo a que las malas prácticas, más que la ilegalidad, es lo que nos ha llevado tal y como lo afirma la doctora Méndez a la insatisfacción con la democracia, a la desconfianza entre poderes, ente partidos y gobiernos, en las elecciones, baja obediencia de la ley y en algunos casos como ella misma refiere, a violencia.

Hay mucho que trabajar al interior de los partidos políticos para erradicar las malas prácticas. Quizá haya que esperar a que el electorado los castigue y también confiar en lo que el doctor Javier Aparicio advierte en el sentido de que la combinación de reelección con candidatos independientes y gobiernos de coalición va a cambiar los términos de negociación al interior de los partidos políticos.

Tal vez no sea necesaria una reforma electoral vista desde cero ya que la visión de la base de nuestro sistema data de 20 años en el que sin duda hemos consolidado nuestra democracia, pero si queremos elevar la calidad de la misma, quizá sean necesarios tiros de precisión en la legislación sin soslayar lo que hemos avanzado como lo define José Woldenberg, pero si no trabajamos en “buenas prácticas”, no habrá legislación que sirva.


Twitter: @SamuelAguilarS

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