Opinión

Reforma educativa:
la evaluación ya
está hecha

 
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escuela

De Singapur a Finlandia, de Holanda y Alemania a Canadá, de Suecia a Corea del Sur, en cualquier lugar donde reine la prosperidad, su ruta ha sido el estímulo a la imaginación, el rigor en la continuidad y el esfuerzo por aprender y desarrollar el pensamiento creador como fruto de la educación.

No hay otra fórmula, no existen atajos ni siquiera los que antaño daban las victorias militares. Hoy en el planeta el único camino al éxito colectivo está fundado en la celebración del proceso enseñanza-aprendizaje.

Nosotros mexicanos lo sabemos bien, el aletargamiento que como nube soporífera provoca estancamiento y hasta retroceso en algunas regiones del país como Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán, se da, no por falta de recursos naturales de los que somos felices privilegiados, no, se da por la ausencia de voluntad para acelerar las modificaciones necesarias que los escolares y sus profesores debieran reunir para avanzar.

Cuando de evaluar quiénes son, cómo piensan y qué enseñan los profesores de las entidades más pobres y rezagadas del país, los testimonios de su evaluación y de su capacidad de comprensión son abundantes e innegables. Veamos.

Si de aritmética se trata, ellos han mostrado al país que su fuerte está en la resta y en la división; les repugna sumar y multiplicar. Son completamente ajenos a encontrar el común denominador y las integrales y derivadas les son totalmente desconocidas.

¿Qué tanto saben de geografía y cómo la enseñan a sus pupilos?
Conocen calles, avenidas y plazas sobre las cuales tallar sus botas y zapatos para mostrar que quieren seguir usurpando puestos de trabajo que debieran pertenecer a auténticas vocaciones magisteriales. Conocen comités de consejos electorales lo mismo que edificios públicos a los que sin pudor pueden vandalizar, destrozar a patadas o con tubos y piedras. No son pocas las sedes de partidos políticos y los autobuses y automóviles que pueden incendiar.

¿Cómo son sus clases de español? Ellos mismos evalúan el conocimiento que tienen sobre sintaxis y prosodia en sus comunicados públicos, y donde mejor expresan el dominio de nuestra lengua es en el manejo de sus verbos, sustantivos, acentos y sobre todo, en el dominio de las minúsculas cuando hablan y escriben sobre una reforma de la enseñanza donde desconocen lo mismo el sistema Piaget que el Montessori.

¿Y cuál es el resultado de su evaluación en materias como biología y ciencias naturales? Es muy claro: comen sin prestar atención a los balances proteínicos, y las envolturas de tortas y tacos son arrojados, lo mismo que sus excrecencias, en el lugar que decidan: portones, árboles y matorrales. Se recuestan en jardines públicos o privados. Es fácil ver que los puestos de fritangas ambulantes son tomados para saciar sus necesidades elementales sin consideración ninguna como también lo hacen para arruinar comercios y oficinas de servicios con mítines y plantones. Todo esto golpeando y lesionando a policías a los que ni siquiera el tolete les está autorizado emplear para defenderse. ¿Y las provocaciones al Ejército mexicano?


¿Hablamos de civismo? Bien, gracias a su continuo accionar, esa materia ya no existe en ningún plan de estudios. Junto con las materias de música y educación física –cuando se enarbolan–, sirven para ampliar la escenografía del quehacer pedagógico. Lo importante es utilizar a los escolares como escudo y lanza. Ante cualquier asunto que se presente tan alejado de su interés como son los comicios electorales, el chantaje es lo primero a lo que se acude. Para presionar vienen el paro, la huelga, la marcha, el plantón. Una medida cívica favorita del llamado magisterio disidente es la irrupción de caminos, carreteras, avenidas y hasta el control de aeropuertos. Dejar al puerto de Acapulco totalmente incomunicado durante días o tomar una refinería y acosar 15 y hasta 27 estaciones de gasolina para estrangular Oaxaca, es sin duda una muestra de su concepto cívico.

La lista de materias podría continuar y en cada renglón encontraríamos que la evaluación ha sido auspiciada y calificada por esos doctos profesores, quienes han declarado la guerra contra los escolares y sus padres hasta convertirlos en rehenes de sus intereses como hemos visto una y otra vez durante los últimos meses.

Usted, lector de este texto, ¿estaría satisfecho que esos profesores fueran los mentores de sus hijos o sus nietos?

Twitter: @RaulCremoux

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