Opinión

Reforma aldeana o geopolítica


 
Si México llega tarde al debate de la reorganización de la industria energética, dos datos operan en su contra: la declinación de la exportación petrolera y la estrategia energética de los Estados Unidos que apunta a la autosuficiencia petrolera en el 2025.
 
 
Cuando expropió en 1938 las compañías extranjeras que explotaban el petróleo mexicano, el presidente Cárdenas utilizó un enfoque geopolítico y de seguridad nacional en un escenario prebélico. Si bien los escenarios no se repiten calcados, la reforma actual debe darse en el contexto de una geopolítica estadunidense que busca terminar con su dependencia del petróleo árabe y venezolano.
 
 
En este punto es en el que se ubica el punto central de la urgencia de una segunda expropiación petrolera para quitarle la industria a la burocracia política, al sindicalismo depredador, a un fisco expoliador y a partidos que lo tomaron como rehén. El enfoque de geopolítica y seguridad nacional del petróleo mexicano obviaría las discusiones en torno a la privatización: se trataría de convertir en energético en un factor de Estado y de desarrollo.
 
 
La reforma energética de México se moverá en cuando menos tres coordenadas:
 
 
1.- La autosuficiencia petrolera de los Estados Unidos hacia el 2025. La Casa Blanca cambió el enfoque de exacción de energético del mundo árabe y Venezuela por el costo político; primero acudió a la acumulación de reservas en minas de sal y luego a una agresiva política de exploración y producción. El consumo de casi 30 millones de barriles diarios había atado la hegemonía estadunidense a otros productores; de ahí el objetivo de producir lo que se consume y de paso meterse en el mercado de exportadores para cambiar el contexto geopolítico energético.
 
 
2.- La negociación de la reforma energética ha evitado pugnas internas burocráticas. El presidente de la república asignó tareas específicas:
 
 
--La conceptualización de la reforma la hizo Luis Videgaray, secretario de Hacienda, la operativa la maneja Emilio Lozoya, director de Pemex; y la gestión burocrática derivada la tiene Miguel Osorio Chong, secretario de Gobernación.
 
--El enfoque geopolítico, que es fundamental, lo tiene Lozoya.
 
 
--Papel importante lo tienen Jesús Reyes Heroles González-Garza, hijo de un director de Pemex, él mismo director de Pemex con Calderón y secretario de Energía con Zedillo, y Pedro Aspe, secretario de Hacienda de Salinas, los dos compañeros de Videgaray en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.
 
 
--El PRI participa vía César Camacho pero sobre todo Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía, quien mantiene los hilos políticos del partido, le tocará lidiar con el sindicato pero desde el PRI.
 
 
3.- Hasta ahora, el debate sobre la reforma no ha aireado el enfoque geopolítico y de seguridad nacional. La reforma mexicana tendrá efecto en el mercado internacional, en los equilibrios de los productores y en el marco imperial del petróleo. La reforma mexicana aumentará la producción y la disponibilidad de exportaciones y por tanto afectará el precario equilibrio de precios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. En América Latina, impactará en la geopolítica de Brasil y sobre todo de Venezuela y México tendrá que replantear su relación petrolera con los Estados Unidos.
 
 
En estos tres puntos, la reforma energética mexicana llega tarde, comenzaría a tener algunos efectos reales a partir de 2018 por las nuevas exploraciones y más allá del 2020 en materia de refinación, cuando ya los EU habrán avanzado en su producción y por tanto disminución de compras: en los últimos diez años, de acuerdo con la Energy Information Administration, los EU han bajado la compra de petróleo a México, Venezuela y Nigeria y aumentado la adquisición de barriles de Canadá.
 
 
 
 
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