Opinión

Reflexiones sobre el gasto público

César Velázquez Guadarrama

Coordinador de la Maestría en Políticas Públicas

El descenso en los precios del petróleo ha traído consigo que se abra otra vez la discusión sobre las finanzas públicas del país. Si bien, como lo ha dicho en innumerables ocasiones la SHCP, este año los ingresos del gobierno federal no se verán afectados por esta situación, es preciso pensar en el mediano y largo plazo pues es probable que los precios bajos del petróleo se mantengan. En este sentido vale hacer algunas reflexiones en torno al gasto público.

Mayor gasto público no significa necesariamente mayor crecimiento económico ni un gobierno que recauda más es un mejor gobierno.

Como muestra basta señalar que el gasto del sector público en México ha aumentado de manera abrumadora en los últimos 15 años sin que este incremento se haya reflejado de manera clara en las tasas de crecimiento económico o del empleo. A nivel internacional, Brasil recauda mucho más que México sin que se pueda decir que está mejor en términos de desigualdad o pobreza. Aun el gasto en infraestructura puede tener un impacto negativo en el bienestar social si las obras o proyectos no se diseñan, planean y construyen de manera correcta, véase el caso de España que sigue pagando aeropuertos abandonados y trenes de alta velocidad que nadie usa.

Por otro lado, y por más trillado que suene, necesitamos transformar realmente nuestro sistema impositivo. La reforma fiscal de 2013 sólo estuvo pensada para recaudar más, no para crear un sistema que fuera más equitativo ni en uno que promoviera el crecimiento económico.

Se debe de evitar el populismo y eliminar la corrupción. Paradójicamente, el bajo crecimiento económico puede tentar a los gobiernos a incrementar el gasto en programas clientelares y populistas. En este sentido, es importante avanzar aún más en la evaluación de los programas sociales y en tener la capacidad de eliminar programas que no cumplan con su objetivo planteado. De nada sirve contar con evaluaciones, si no se hace política pública con ellas. Evitar el populismo es aún más importante en años electorales como este 2015 en el que se renovará la Cámara de Diputados y estarán en juego 9 gubernaturas además de cientos de presidencia municipales y diputaciones locales. Un buen inicio sería eliminar toda la publicidad gubernamental que no fuera esencial. Es ofensivo ver como se publicitan por ejemplo diputados, senadores y gobernadores con motivo de sus informes de resultados.

Asimismo, el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción que se quedó en el tintero en diciembre pasado en el Congreso debe aprobarse bajo la premisa que los que tienen que ser vigilados no pueden ser también los vigilantes. Pero más allá de más reglas y leyes, la clase política tiene que entender que la corrupción tiene un límite y que si ésta no disminuye de manera clara puede ser la causa de su misma extinción.

Se debe redefinir el federalismo fiscal. Es bien sabido que el federalismo en México no funciona pero sin embargo continua sin discutirse realmente el tema. Con relación al gasto público, es necesario entender cuáles son las ventajas comparativas de los diferentes niveles de gobiernos (municipales, estatales y el federal) y así redefinir las responsabilidades de cada uno. Por ejemplo, considero que los municipios deben centrar su labor en los servicios públicos básicos y menos en programas sociales. No porque no sea importante o un deber del Estado combatir la pobreza sino porque a mi entender el gobierno federal y el estatal son mucho más eficientes en realizar estas actividades. Si se realiza bien este ejercicio, se podrían alinear de mejor forma los intereses de los tres niveles de gobierno y evitar duplicidad de acciones y gasto de recursos públicos.