Opinión

Reflexiones de la elección

 
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"El Bronco" aseguró que en Nuevo León comenzará la segunda Revolución Mexicana. (Cuartoscuro)

El presidente de la República es uno de los principales ganadores de la elección 2015: su partido, junto con el Verde y Nueva Alianza, tendrán muy seguramente mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. ¿Significa eso un referéndum de apoyo al gobierno? No, sólo significa que el PRI obtuvo más votos que sus adversarios y que la estrategia del Verde fue eficaz: lo que pierde el PRI respecto a 2012 es lo que recupera a través de su aliado. Otros factores que explican el éxito relativo del partido en el gobierno es la irrupción de Morena que debilitó al PRD e hizo ganar al PRI en varios distritos bastiones de la izquierda; que el 30 por ciento de la población aprueba la gestión del presidente y por tanto votan por su partido; y que los partidos de oposición fueron débiles y timoratos para catalizar el descontento.

El otro ganador es Morena: obtiene 8.4 por ciento de la votación nacional –inédito para un partido nuevo– y en el Distrito Federal es el primer lugar en número total de votos –obtuvo 700 mil frente a 590 mil del PRD en la elección de diputados federales. Asimismo, gobernará cinco delegaciones y pelea la mayoría en la Asamblea Legislativa. También lo es en menor medida Movimiento Ciudadano –alcanzó 5.9 por ciento de la votación nacional– por su estrategia de nominar a candidatos atractivos como Enrique Alfaro en Guadalajara y Fernando Elizondo en Nuevo León.

Pero el triunfo singular más significativo y relevante es El Bronco en Nuevo León. Además del shock que significa para el sistema de partidos y que ojalá motive su renovación, su campaña puede ser ejemplo para reducir el costo de las elecciones y combatir la corrupción en su financiamiento. Salvo excepciones, El Bronco tuvo bloqueado el acceso a los medios tradicionales de comunicación y basó su estrategia en un contacto directo con la población a través de redes sociales y recorridos de calles, pueblos y plazas. Eso significó también que su campaña ahorró en gastos de clientelismo, compra y movilización del voto –rubros que absorben cada vez más recursos en efectivo. Abatir el costo de la democracia significa nuevos modelos de campañas que eliminen intermediarios, así como la extorsión que muchos medios realizan: págame para que cubra tu campaña.

El efecto del triunfo arrollador de El Bronco –ganó por 25 puntos– se sentirá en 2016 en algunas entidades con elecciones de gobernador. Por ejemplo, Manuel Clouthier ganó ayer una diputación federal como independiente por un distrito de Sinaloa. El próximo año habrá elecciones en esa entidad y seguramente el hijo de Maquío será candidato y sus probabilidades de éxito son ahora mayores. Lo mismo puede ocurrir en otras entidades como Puebla, Aguascalientes o Veracruz, que renovarán gubernatura. El efecto también llegará a la elección presidencial de 2018.

El desafío al sistema también provino de otros candidatos que siendo postulados por partidos hicieron campaña desdeñando el statu quo. Tal es el caso de Enrique Alfaro, candidato ganador como alcalde de Guadalajara –otro triunfo arrollador de 26 puntos de ventaja–, quien hizo campaña cuestionando el sistema bipartidista PRI-PAN que ha dominado la escena de la entidad. También es el caso de Morena, cuyos candidatos en la ciudad de México y el resto del país hicieron campaña para combatir a “la mafia del poder” representada en su imaginario por PRI, PAN y PRD.

Cuauhtémoc Blanco también desafió al sistema de partidos en Morelos y será el próximo alcalde de Cuernavaca. Lo hizo bajo las siglas de un partido local que lo buscó para mantener el registro. A diferencia de los casos anteriores, Blanco puede contribuir a degradar aún más la vida pública y llevar a ese ayuntamiento a una peor administración. No todos los candidatos que desafían al sistema son por ello alicientes para el cambio. Blanco, sin experiencia ni conocimientos políticos y administrativos, puede llevar a Cuernavaca a una aventura de altos riesgos.

El perdedor rotundo es el PRD que fue incapaz, al igual que el PAN, de catalizar la frustración y el descontento social, en parte porque comparten algunos pecados que la gente detesta: corrupción, malos gobiernos, oportunismo.

Los resultados modifican el sistema de partidos. Hasta ayer teníamos uno tripartidista. Ahora será bipartidista en la cúspide con PRI y PAN en rangos de votación de 20 a 30 por ciento; en medio tres partidos en rangos de votación de 7.0 a 11 por ciento: Verde, Morena y PRD; y abajo el resto, aunque Movimiento Ciudadano roza los seis puntos.

Con esta nueva configuración inicia la carrera hacia la elección presidencial de 2018. López Obrador sale fortalecido y con una expectativa creciente. No sólo eso, la debacle del PRD puede darle a AMLO la oportunidad nuevamente de cooptar a las izquierdas y forzar que todas lo apoyen en 2018. En contraste, la presunta candidatura de Miguel Mancera que el propio Carlos Navarrete anunció hace pocas semanas parece menguada y sin base real.

El gobierno gozará de margen de maniobra durante la segunda mitad del sexenio que puede aprovechar, por ejemplo, para aprobar un presupuesto base cero en 2016 –una medida muy importante para mejorar la calidad del gasto–. También puede aprovechar su mayoría para garantizar una implementación adecuada de las reformas, notoriamente la educativa. Y también podría equivocarse si interpreta los resultados como un referéndum aprobatorio. Si lo hace y navega en medio del confort, puede darse una sorpresa en 2018 cuando la elección presidencial se dirima por otros criterios. Los resultados de este domingo no son un predictor de la próxima contienda presidencial.

Twitter: @LCUgalde

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