Opinión

Reelección,
¿poder ciudadano?

 
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Votación en Neza durante la jornada electoral del 4 de junio de 2017

Después de 80 años de veto, y tras la reforma político-electoral promulgada el 10 de febrero de 2014, aunado a la complejidad de la elección de 2018 se suma la reelección consecutiva de legisladores y de presidentes municipales hasta por 12 años.

El contexto socio-político de la reforma es de una débil y joven democracia de minorías, con gobiernos divididos, alternancia, multipartidismo, alta competitividad electoral y un profundo malestar ciudadano con la forma (y el fondo) en el que los representantes y autoridades han venido manejando los asuntos políticos a pesar de más reglas y más instituciones. Se presenta además en una coyuntura de alejamiento del ciudadano de los partidos, sus representantes y sus autoridades.

Así, y de acuerdo con el fundamento de la reforma de fortalecer el vínculo entre la sociedad política y la sociedad civil de forma tal que se eleve la calidad de nuestra democracia alcanzando una representación real en la que se llame a cuentas a nuestros legisladores, y que profesionalice y alcance mayor profundidad la administración municipal, institución de la democracia más cercana al ciudadano, es que a partir de 2018 los legisladores y alcaldes de todo el país, exceptuando Puebla, Ciudad de México y Sonora podrán ser reelectos hasta por 12 años salvo Aguascalientes, Chihuahua, Ciudad de México, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo, Tamaulipas y Zacatecas, cuyos alcaldes podrán permanecer hasta por 6 años y Morelos, que será hasta 9 años.

¿Será la reelección vista y ejercida como una oportunidad en un régimen democrático de fortalecer la representación en México, abonando a la rendición de cuentas y a la confianza entre representantes y representados?  

¿Permitirá la profesionalización de representantes y presidentes municipales? ¿Ejercerá la ciudadanía el mayor poder que le otorga la reelección? ¿Le otorga más poder al ciudadano o afianza las cuotas de poder al interior de los partidos, minando a la democracia? ¿Los partidos políticos serán capaces de presentar ante la ciudadanía ofertas indignas no una, sino dos veces? ¿Será corrompido de nuevo en espíritu de la reforma, y se abonará a la opacidad y falta de transparencia en su gestión?

¿Cómo responderán electoralmente los ciudadanos (es decir al emitir su sufragio) si de acuerdo a la última medición de confianza en instituciones elaborada por Mitofsky los peores evaluados son los partidos con 4.8 y los diputados obtienen 5 de promedio?

¿Cómo se instrumentara la reforma si hoy se señalan “elecciones de Estado”, y veremos alcaldes buscar la reelección con los programas y los recursos propios de la administración que ejercen? ¿Cómo se solventarán la paridad de género exigida y la reelección? ¿La obligación o no de separarse del cargo? ¿La precampaña? ¿La campaña?

Surgen muchos cuestionamientos y el tiempo para cualquier adaptación legal se agota, y se suman a las reformas la exigencia sobe nuestro sistema político de incorporar la segunda vuelta, el voto obligatorio y yo añadiría, la necesaria revocación de mandato que debe ir junto con la reelección.

Opine usted: @SamuelAguilarS

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