Opinión

Recuperar toda una generación


 
 
¿Cuánto debe crecer la economía mexicana?
 
 
 
Ayer, en el Foro Banorte Estrategia 2013, diversos participantes tan connotados como Guillermo Ortiz, Agustín Carstens o Luis Videgaray, coincidieron en que son necesarias las reformas estructurales para crecer a tasas mayores al 4 por ciento anual.
 
 
Vaya, con que creciéramos al 4 por ciento podríamos festejar.
 
 
Pero le doy algunos antecedentes para ubicar las cifras.
 
 
Entre 1960 y 1970, quizás la etapa de mayor avance económico en la historia del país, el PIB creció a una tasa promedio anual de 6.3 por ciento.
 
 
La población total, por su parte, tuvo una tasa de crecimiento promedio de 3.2 por ciento en el mismo lapso.
 
 
Esto quiere decir que el PIB per cápita en la época más brillante en materia de crecimiento tuvo un ritmo anual de 3 por ciento en promedio.
 
 
Las condiciones sociales del país hoy son diferentes, así como su demografía.
 
 
La tasa promedio anual de crecimiento de la población es de 1.35 por ciento. Esto quiere decir que si queremos replicar el crecimiento per cápita del PIB de la etapa del desarrollo estabilizador, requeriríamos un ritmo anual promedio de 4.4 por ciento.
 
 
Es decir, aunque el crecimiento no llegara más allá de los límites insuperables que se fijaron en las exposiciones de ayer, bastaría con tener esa tasa constante, para repetir lo que algunos denominaron el “milagro mexicano” en la década de los 60.
 
 
La buena noticia es que ahora tenemos que crecer menos que antes. La mala es que estamos muy lejos de esos niveles.
 
 
Por ejemplo, considerando la estimación de Hacienda, de 1.8 por ciento para este año, el ritmo promedio de esta centuria, es de apenas 2.1 por ciento para el PIB y de 0.6 por ciento para el PIB per cápita.
 
 
Pero aun si nos remontamos una generación atrás y vemos el último cuarto de siglo, los resultados no son muy diferentes pues el crecimiento económico sería de 2.7 por ciento y el per cápita de 1 por ciento al año.
 
 
Por esa razón es que una generación completa en México no tiene la vivencia de lo que significa un crecimiento sostenido.
 
 
Quienes comenzamos nuestra educación básica en la década de los 60, en aquellos tiempos en los que parecía inamovible la cotización de 12.50 pesos por dólar, recordamos que vivíamos una etapa en la que estaba garantizado conseguir un empleo razonablemente bien remunerado si se invertía una suficiente cantidad de años a la educación.
 
 
 
Prácticamente todos teníamos más años de educación formal que nuestros padres y una aspiración bien fundada de tener niveles de vida más elevados que ellos.
 
 
Muchas familias emigrábamos del campo a la ciudad y vivíamos una transformación cultural sumamente intensa.
 
 
Hay quien cree que la pérdida más importante que tuvimos respecto a esa etapa es la estabilidad.
 
 
Lo dudo, creo que lo más valioso entre lo que perdimos fue la esperanza.
 
 
Nos convertimos en una sucesión de generaciones de la crisis. Sabíamos que el crecimiento sólo iba a venir en rachas y que de tanto en tanto nos íbamos a hundir nuevamente.
 
 
Nada es seguro hoy pues estamos en un entorno internacional de gran volatilidad, pero si se acomodan las cosas adecuadamente podemos tener quizás una década con un crecimiento per cápita cercano al de la década de los 60.
 
 
Hombre, que bueno si crecemos al 5 o 6 por ciento.
 
 
Pero, con que lo hagamos al 4 por ciento sostenido, podríamos tener otro país en un par de sexenios.
 
 
Le reitero lo que le he contado muchas veces: si apostamos al país que visualizamos en una década, quizás valgan la pena los dolores de cabeza del momento.
 
 
Si vemos sólo al presente, como lo hizo Fox, apostaremos a evitar los conflictos hoy, hoy, hoy.
 
 
Cuestión de elegir.