Opinión

Reconstrucción, en manos del Legislativo

 
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INE

Si difícil ha sido sortear los momentos de tensión, de temor y crisis por los que ha pasado la población después del sismo, es de imaginar lo que viene entre quienes perdieron todo o parte de su patrimonio, y si difícil le ha resultado a las autoridades contener el descontento en la distribución de la ayuda humanitaria por funcionarios sin escrúpulos como Graco Ramírez, también se auguran momentos tensos a la hora de reasignar las partidas presupuestales para la reconstrucción.

Será en esta etapa donde la clase política tendrá que dejar atrás sus diferencias y, sobre todo, evitar lucrar con el dolor de la gente como una manera de ganar votos o sumar adhesiones y simpatías políticas para la contienda electoral que se avecina.

Las dirigencias de todos los partidos políticos con presencia a nivel nacional se han pronunciado por sumarse a la causa humanitaria, y para ello han hecho diversos pronunciamientos relativos a donar parte de los recursos económicos a que tienen derecho por ley, para atender la contingencia.

El pasado 8 de septiembre el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, entregó a nombre del Ejecutivo federal el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación correspondiente a 2018, el cual, ante la tragedia, necesariamente tendrá que ajustarse, y es en esta parte en donde los legisladores de las diferentes bancadas parlamentarias deberán etiquetar los excedentes que liberen los partidos políticos para la reconstrucción.

Al etiquetar el Presupuesto a este renglón, los López Obrador, Anaya, Ochoa y demás líderes partidistas tendrán que apechugar en lugar de declarar puras mafufadas, como las que pronuncia AMLO.

La propuesta de Morena plantea “donar” sus prerrogativas a un fideicomiso propio, que ellos operarían en favor de la población afectada por los sismos. Planteamiento ridículo y tramposo, ya que imagine, lector, a Rene Bejarano repartiendo la ayuda a los cuadros clientelares que operan a favor de Morena en la capital del país, en Veracruz y en Estado de México, entre otras entidades, en lugar de a los damnificados. Pues de cual fumó El Peje al pretender darle atole con el dedo a los mexicanos.

Los del PRI, además del anuncio de renunciar al financiamiento público restante de este año, equivalente a 258 millones, planteará que los legisladores eliminen el financiamiento público a los partidos políticos a partir de 2018 y, por otro lado, retoman la idea de eliminar los llamados legisladores pluris: 200 diputados federales, 64 senadores y 438 diputados locales.

PAN, PRD, PVEM, Nueva Alianza, MC y el PES coinciden en su visión solidaria de donar una buena parte de su presupuesto hacia la población afectada, y con ello sumarse al reclamo de la sociedad civil que exige jalar parejo a todos por una causa superior, que es México.

En fin, también se habla de propuestas en el sentido de reducir gastos de campaña en un rango de 25 a 50 por ciento; de establecer un fondo etiquetado en el PEF 2018 de atención al desastre ocurrido; de reajustes al gasto público; de reasignaciones a partidas presupuestales, entre otros rubros, pero lo importante en estos casos no es mostrarse solidarios y generosos sólo de dientes para afuera, sino tomarles la palabra y desde la Cámara de Diputados ajustarles sus prerrogativas.

Desde este órgano legislativo se pueden ajustar los presupuestos de toda entidad pública, y así se arregla la estéril discusión que significa ver sobre quién y cómo administrar los dineros que se liberen.

Desde luego el INE también sufriría recortes sustanciales, y con ello ajustaría a la baja el costo de organizar las elecciones en México.

Es momento de que se apacigüen las aguas en la Cámara baja y con ello lograr un gran acuerdo parlamentario que permita volver a encauzar el Presupuesto a la contingencia. Veremos si los legisladores están a la altura de las circunstancias, o si sólo son declaraciones con tintes electorales las que han expresado sus dirigentes y que se irán al cajón de las promesas incumplidas, y con ello el poco prestigio que les queda.

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