Opinión

Reconciliar visiones
de corto y mediano plazos

La economía mexicana no está en recesión, pero algunos de sus componentes sí están en fase recesiva, en particular los Indicadores Cíclicos.

Uno de sus dos indicadores compuestos, el Coincidente, que refleja el estado general de la economía, se ubica en etapa recesiva.
Cuando ese indicador decrece y se coloca por debajo de su tendencia de largo plazo, se dice que está en la fase recesiva del ciclo económico.
En febrero el Indicador Coincidente se localizó por debajo de su tendencia de largo plazo y cayó respecto al mes anterior, por lo que cumplió la condición para encontrarse en etapa recesiva.

El Indicador Adelantado, que busca señalar anticipadamente la trayectoria del Indicador Coincidente, en marzo también estuvo por debajo de su tendencia de largo plazo e igualmente disminuyó respecto al mes previo.

Los Indicadores Cíclicos a marzo serán publicados por el Inegi el viernes y permitirán evaluar su situación; es decir, si se mantienen en la fase recesiva o si ya están en la de desaceleración.

Si bien la economía del país no está en recesión, sí está estancada, afirmó la semana pasada Eduardo Sojo, presidente del Inegi.
Para considerar que está en recesión, tendría que haber un decrecimiento del PIB durante dos trimestres consecutivos, lo que no ha ocurrido.

Lo que se ha registrado en los últimos trimestres es un virtual estancamiento de la economía, dado su movimiento lateral.
En el periodo enero-marzo de 2014 el PIB reportó un crecimiento trimestral desestacionalizado de 0.3 por ciento.

La cifra se presentó después de un incremento de sólo 0.1 por ciento registrado en el trimestre previo.

El comportamiento del PIB, el indicador más representativo de la actividad económica, confirma que hacia finales de 2013 y principios de 2014 la economía prácticamente se estancó.

La desaceleración económica --si bien por factores temporales, como el duro invierno en Estados Unidos-- propició un deterioro en las expectativas de crecimiento para 2014, que a su vez generó un desánimo de corto plazo.

Sin embargo, en una perspectiva de mediano plazo el crecimiento económico del país se anticipa cercano o superior a su potencial de 3.5 por ciento, gracias a las reformas estructurales aprobadas en el último año, que aún deben ser complementadas por sus leyes secundarias.

México está frente a una realidad económica dual: un claro desánimo de corto plazo, pero un panorama muy positivo de mediano plazo, le dijo a El Financiero Gerardo Rodríguez, estratega para mercados emergentes de BlackRock.

La pregunta es cómo y cuándo podrá reconciliarse una visión con la otra.

En la medida en que la actividad económica del país muestre una evolución más favorable, lo que podría ser evidente en el segundo semestre del año, se espera que el desánimo de corto plazo tienda a diluirse.

Y eso dependerá de la percepción –negativa o positiva– que se tenga sobre el crecimiento de la economía.

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