Opinión

¿Recetas para gobernar mejor?

 
1
 

 

El Bronco

La tentación de las recetas milagrosas se vuelve más atractiva en situaciones de crisis o desesperanza. A casi 16 años de la alternancia presidencial y más de 25 de la primera en el ámbito estatal, la satisfacción con la democracia en México es menor que en 2001; según el Latinobarómetro, sólo 19 por ciento de los mexicanos estaba satisfecho con la democracia en 2015, en comparación con 26 por ciento en 2001. Ese entorno de relativa insatisfacción ha sido aprovechado por discursos simplistas que se esfuerzan en encontrar culpables de la falta de resultados, sin responder con alternativas de gobierno eficaces.

A partir de las elecciones estatales de 2010, la insatisfacción ciudadana ha tratado de ser canalizada por las alianzas anti-PRI en los estados que no han celebrado alternancia en el gobierno y, desde el año pasado, por las “alternativas ciudadanas” a través de los candidatos postulados sin partido.

Aunque contradictorios, el mensaje de ambos movimientos es similar: en un caso, se acusa al PRI de ser el culpable de todos los males que padecen los estados; en el otro, a la partidocracia coludida e indolente, que sólo se preocupa por cuidar sus intereses. En ambos casos, se postula que la erradicación de esos “cánceres”, por sí misma, se traducirá en mejores gobiernos.

Las alternativas en democracia son bienvenidas. Tanto las candidaturas independientes, como las alianzas PAN-PRD, forman parte del juego democrático. Sin embargo, no hay evidencia de que los gobiernos de las alianzas PAN- PRD sean mejores, y los pocos meses del gobierno de Jaime Rodríguez El Bronco han mostrado que los problemas de Nuevo León no se resolverán como por acto de magia al repetir incesantemente la palabra “independiente”.

Según una investigación realizada por Integralia Consultores, los tres gobiernos emanados de una alianza PAN y PRD seis años atrás –Oaxaca, Puebla y Sinaloa– tuvieron récords mixtos en los ámbitos económico y de seguridad, contrario a los resultados contundentes que se esperaría de los primeros gobiernos de alternancia que persuadieron a un electorado que siempre había votado por el mismo partido.

Algo similar ha pasado en Nuevo León con el primer gobierno “independiente” del país.

Twitter:@gustavo_gilr

También te puede interesar:

Candidaturas independientes, ¿candidatos independientes?

Oposición sin fuerzas básicas

La ruta mexicana del Papa