Opinión

Rebasados

 
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Periodistas. (Cuartoscuro)

La oscuridad ha dejado de ser testigo de las atrocidades. Esconderse detrás de una sombra, esperar la calle vacía, los vecinos dormidos, la Policía con la guardia baja ya no le preocupa a los asesinos de periodistas. Los seis reporteros masacrados en lo que va de 2017 han caído a plena luz del día, en medio del tráfico, fuera del trabajo, a unos metros de casa, con estudiantes en primera fila, con taxistas inquietos y curiosos en chanclas.

El mensaje es claro: no necesito esconderme para matar, me importan un carajo las cámaras de seguridad. La impunidad es la mejor noche.

En una esquina, escondida, mamando presupuesto federal, se encuentra la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle) –Fiscalía que depende de la Procuraduría General de la República–. Hace una semana presentó nuevo fiscal, el anterior había sido un fracaso y el anterior, también. Hoy está Ricardo Sánchez Pérez del Pozo, quien se estrenó con una frase que conduce a la desesperanza, la dijo ayer en una entrevista en televisión: “Existe un reto importante, existe una situación que nos está rebasando como Fiscalía”, esas fueron las primeras trece palabras que dijo el fiscal a un medio de comunicación, un día después del asesinato de Javier Valdez.

Diagnóstico torpe ante una crisis de libertad de expresión. A pregunta expresa del periodista Carlos Loret de Mola, de si pone su cargo sobre la mesa, el fiscal responde: “Siempre ha estado sobre la mesa, desde el inicio […] efectivamente, la renuncia siempre está sobre la mesa ante una situación de esta naturaleza, el día que el procurador general de la República me nombró, yo tuve clara la situación en la que estábamos entrando, estábamos entrando en una situación de riesgo”.

Se equivoca el fiscal, él no está en riesgo en su oficina en la Ciudad de México y, tal vez, lo más sencillo siempre es tener esa renuncia sobre el escritorio. Su primer mensaje fue claro: poco nos importa. No dijo mucho: “hay distintas líneas de investigación”; “no queremos adelantar ninguna información para no entorpecer la investigación”; “agotaremos todas las líneas”, bla, bla, bla. Temo lo peor, lo de siempre, las autoridades no nos dan un elemento para pensar que el asesinato de Javier Valdez tendrá un final distinto al que conocemos, el de la impunidad.

Desde el año 2000, la organización Artículo 19 ha documentado 105 periodistas asesinados (22 en el sexenio de Vicente Fox, 48 en el de Felipe Calderón y 35 durante el gobierno de Peña Nieto); en ninguno de los casos ha habido justicia, en algunas investigaciones existen detenidos, pero no se ha cerrado una averiguación con la detención del autor intelectual del asesinato.

Por cierto, al cierre de esta edición la página de la Feadle estaba caída. Metáfora de su utilidad: están rebasados.

Twitter: @jrisco

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