Opinión

'Reality show'

 
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Trump

Donald J. Trump es conocido desde hace décadas. Los mayores de 50 años recordarán sus escándalos cuando se divorció de Ivanna en los años ochenta, y sus dificultades con los casinos, también por las mismas fechas. Sigo pensando que el personaje de Volver al Futuro II estaba basado en ese Donald Trump.

Sin embargo, el Donald Trump que ganó la elección en Estados Unidos no es el mismo personaje. El actual es resultado del reality show conocido como El aprendiz. Durante 14 temporadas, iniciando en 2004, Donald Trump fue el anfitrión (host) de ese programa, en el que jóvenes buscaban convertirse en empresarios exitosos. Como en buena parte de esos programas, algunos eran expulsados en cada programa, y Trump utilizaba para ello la frase que lo hizo famoso: "You’re fired!", (estás despedido).

De acuerdo con un excelente artículo de Kathryn Van Arendonk, publicado originalmente en Vulture y reproducido en Slate, Trump es el paradigma del participante de un reality. Su habilidad para mantener la atención, con ideas muy simples pero muy polémicas, atrayendo y generando escándalo, fue lo que desequilibró por completo a sus oponentes políticos. En la vida política, y los medios que la cubren, los ciclos de noticias se mueven a otro ritmo. Cierto que, como decíamos ayer, en los tiempos de los medios masivos la política se hace en televisión, con spots y soundbites, y eso es lo que saben hacer personas como Hillary Clinton, Barack Obama, Marco Rubio o Paul Ryan. Pueden construir buenos discursos, con ideas que les permitan definirse y sirvan para campañas mediáticas (soundbites), y saben comportarse frente a las cámaras.

Trump es otra cosa. Él sabe mantener la atención de un público que, aunque todavía ve televisión, realmente ya es parte de una nueva plataforma comunicacional: las redes sociales. La virtud del reality es crear la impresión de realidad, precisamente, con base en información ficticia (o casi), presentada ágilmente y mediante momentos de gran emotividad (que puede ser alegría, enojo, excitación, tristeza). La importancia que los medios masivos dieron a los sentimientos se convierte, en los realities, en un arma de manipulación de la audiencia. Aunque hay antecedentes de reality shows desde hace décadas, fue sólo hasta inicios del siglo XXI que el formato se hizo exitoso. Tan exitoso que puede ser lo único que muchos adolescentes ven en televisión, porque el resto de su comunicación ocurre en redes.

Esa capacidad de transmitir ideas simples, aunque sean falsas, mediante momentos muy emotivos, es lo que parece estar detrás del triunfo de Donald Trump. Ya decíamos que quienes votaron por él son personas mayores, con menos educación y más religión que la media, y que viven en ciudades de menos de un millón de habitantes. Y afirmamos que es muy posible que estén aterrados porque su mundo está llegando a su fin, y no entienden lo que hoy domina las grandes ciudades y el discurso de las personas con nivel educativo mayor. Por ejemplo, les cuesta mucho trabajo el tema de integración, sea racial o de preferencia sexual. No creo que la mayoría de ellos deba denominarse racista u homófobo, pero es seguro que están más cerca de eso que de la tolerancia e inclusión.

A ese público vendió Trump ideas simples, en especial una: "Make America great again”, es decir, regresemos a lo que conocíamos. Y ese mensaje, en momentos muy emotivos, se convierte fácilmente en creencia, en dogma. A partir de ese momento, toda la información que los votantes reciben es filtrada en conformidad con la creencia. Postverdad, creo que le dicen al fenómeno.

Twitter: @macariomx

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