Opinión

Realidad y fantasía

 
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Jorge Luis Borges sentía una profunda admiración por la literatura mexicana. (Archivo)

En su carácter de incógnito -lentes negros rigurosos-, Gil caminó por los pasillos de la Feria del Libro de Buenos Aires y encontró un breve libro publicado por Estuario Editora, Uruguay: Julio Cortázar y Cris, de Cristina Peri Rossi. Ellos se conocieron en el año de 1973; ella vivía en Barcelona, él en París. Los últimos quince años de la vida de Cortázar mantuvieron una relación resuelta en intermitentes complicidades amistosas y literarias. Cortázar le dedicó Quince poemas de amor para Cris. Treinta años después, Peri Rossi escribe una crónica de su relación con Cortázar.

En alguna página del relato, Gamés encontró esto: “‘Nadie puede saber dónde termina la realidad y dónde empieza la fantasía -límite, frontera que te gustaba atravesar en tus relatos (le habla Peri Rossi a
Cortázar)-, pero en la vida hay que tener cuidado -decías-, porque si no se puede acabar como el Tito Monterroso’. ‘¿Cómo acabó el Tito Monterroso?’, podía preguntarle un lector, un admirador ingenuo. Entonces, con mucha seriedad, Julio le contestaba: ‘El Tito Monterroso terminó escribiendo: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí, cuento que nadie entiende. Y el primero que no lo entiende soy yo’. Y el lector o admirador ingenuo se quedaba sin saber si Julio le estaba tomando el pelo al Tito, a él o al dinosaurio”. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay una verdad que se deja ver, el cuento del Tito, efectivamente, no se entiende, quizá porque es muy largo, le convendría una edición. ¿Lo ven? Unos cuantos días en Buenos Aires y Gilga se ha convertido en un che, un boludo, un chanta, en fon.

Florida y las trampas

Con los pasos de un gato cortazariano, Gil se acercó al estand de México y pudo ver sin ser visto: Fabrizio Mejía y Rafael Pérez Gay se abrazaban; Ricardo Cayuela abrazaba a Miguel Bonasso, que estuvo a punto de arengar a las masas; Fabio Morábito abrazaba a Francisco Segovia. Gil no sabe mentir, aquello fue un abrazadero desmesurado. Lejos de la patria, a los mexicanos les da por abrazarse. Dicen que el Jamaicón Villegas abrazaba hasta a los árboles.

Gamés desapareció y emprendió la singladura (gran palabra) hacia las calles bonaerenses. En medio de la Plaza San Martín, Gil leyó en un monumento estas palabras de Esteban Echeverría, poeta y escritor argentino de principios de siglo XIX: “Miserables aquellos que vacilan cuando la tiranía se ceba en las entrañas de la Patria”. Gil se preguntó si la tiranía se ceba en nuestra Patria y huyó del lugar. Unos pasos adelante entró a la calle de Florida.

Primero lo primero. Gilga caminó por la calle de Maipú casi esquina con Marcelo T. De Alvear y alzó la mirada en busca del departamento del edificio en donde vivió Borges. Florida es la calle de las trampas, así la presentan en las guías de la ciudad. En las vidrieras ponen precios falsos, en cada esquina hombres torvos ofrecen pesos argentinos por dólares verdaderos: cambio, cambio, farfullan con cara de asesinos. Al parecer, si uno compra cuero, pierde su color durante la noche, duerme mal el cuero bonaerense. Y todo a precio de oro. Si se descuida, dice un mesero, desaparece su celular, cuídelo mucho. Gamés guardó su poderoso y moderno celular en la faltriquera que usa para los viajes largos.

Gran pregunta de Gil en un café de la calle Oro: ¿Cómo le llaman aquí a ese pan? Responde el mesero: pan. Gamés pensaba en los croissants, que se llaman aquí medias lunas. En fon.

La fórmula

Se conocen dos vías para la toma del poder y la transformación de los países: la violenta y la pacífica. Anjá, gran descubrimiento. Liópez ha elegido la pacífica. Pas mal. Frente al Obelisco, en la esquina de Corrientes y Nueve de Julio, Gil leyó la entrevista que Jacobo Zabludovsky le hizo a Liópez en su periódico El Universal: “de buen humor y sin estridencias considera que México debe transitar hacia una cuarta transformación”. Aquí hay una seria equivocación: ¿de buen humor y sin estridencias? Entonces no puede ser Liópez Obrador, el Scrooge de la política no se ríe ni por error.

“Me siento seguro, con capacidad suficiente para sacar al país del atolladero en que lo han metido. Eso es lo más importante. Tengo la fórmula.” Caracho, Liópez tiene la fórmula secreta, y la fórmula para hacer campaña presidencial tres años antes de la elección.

La complejidad de Liópez deja a Gil helado como un tímpano (¿no son tímpanos?). Oigan esto por piedad: “si no hubiese corrupción en México no habría pobreza. Estoy convencido de que si terminamos con la corrupción vamos a lograr el florecimiento, el renacimiento de México. En Suecia, en Dinamarca, en Finlandia no hay corrupción y no hay pobreza”.

Gilga quiso arrancarse algunos pelos de la desesperación. Liópez en campaña; el que sabe, sabe, eso qué ni qué. ¿Cuál Morena, cuáles candidatos, cuál Congreso, cuál asamblea? Mis chicharrones suenan, ¿o cómo decían aquellos clásicos del priismo?

La máxima de Samuel Johnson espetó en el ático bonaerense de las frases célebres: “Se puede tener por compañera a la fantasía, pero se debe tener como guía a la razón”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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