Opinión

Razones para no ser optimista

      
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ME. Hay un sinfín de razones para pegarle al peso.

Enrique Quintana, ínclito director de este H. periódico, publicó hace unos días en estas páginas un texto titulado 'Razones para no ser pesimistas'. Uno no es nadie para andar cuestionando los conocimientos técnicos de don Enrique. Él sabe mucho de números, del vaivén de los mercados, el sube y baja de las monedas, las inquietudes del inversionista, el análisis de los que, así le llamamos los ignorantes de esa materia, 'mueven el tablero'. En ese artículo, Quintana da seis razones por las que podemos alejar el pesimismo de nuestro panorama. Como, por ejemplo, que China es el problema del déficit comercial de Estados Unidos y no nosotros; o que México es el mercado principal del campo y la industria alimentaria estadounidenses, que generan 423 mil millones de dólares al año. “Las cosas pueden salir bien, o por lo menos no tan mal”, es una de las sentencias del director. Nada más lejos de mi interés –en toda la extensión de la palabra, pues nadie quiere pelear con el jefe– que contrariarlo. Sin embargo, no neguemos que hay otra posibilidad más que conocida: las cosas siempre pueden ir peor. Aquí unas razones para no ser tan optimistas.

1.- El presidente Peña. La embestida del gorila estadounidense lo encontró en el momento más bajo de credibilidad ante los mexicanos. Aunado a esto hay que entender el pavor, provocado por la cultura priista, que le tiene al conflicto. El presidente solamente hace los eventos de siempre, con la gente de siempre, con las palabras de siempre. La novedad no es lo suyo. Su equipo es inexistente. El responsable de las negociaciones no se lleva a su viaje al responsable de seguridad –tema vital para los estadounidenses–; elevan sus rencillas personales al ámbito internacional. Su espectacularidad es rescatar un programa de hace cuarenta años. Si el presidente se está ahogando, son capaces de amarrarle una roca al pie.

2.- El canciller Videgaray. El que parece amo y señor de la voluntad presidencial, no cesa en sus intentos de exponer al país a la humillación. Videgaray le tira piropos a Trump, que éste regresa con alguna majadería. Don Luis insiste en que es muy buena gente el presidente norteamericano, los hechos no parecen darle la razón. Pero él no tiene límite. Cree que mientras más golpeado, más gana. Él sabe bien que el costo lo paga el presidente. Él no ha pagado nada, ni su casa en Malinalco.

3.- Trump. Al parecer el troglodita estadounidense no tiene llenadera en lo que se refiere a desplantes y provocaciones. Basta que algo le recuerde México, para poner un tuit que nos mande contra las cuerdas. Lo mismo da una llamada que un mensaje electrónico (ya por lo menos esta semana nos enteramos que no tenemos la exclusiva de sus fobias). Hay quienes dicen que se trata de una estrategia para debilitar al país en las negociaciones del TLC. Puede ser, con Trump nada es descartable, por lo que confiar en que el sujeto se va a moderar parece un sueño imposible. Un buen porcentaje de su éxito es la falta de control, el romper las formas, sacar de quicio a los que están acostumbrados al orden de las cosas. No parece que en el mediano plazo el tipo vaya a entrar en orden.

Ojalá me equivoque y tenga razón Quintana, pero parece haber razones de peso para documentar el pesimismo.

Twitter: @JuanIZavala

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