Opinión

Razonamiento motivado y la burbuja inmobiliaria

 
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Alan Greenspan

La semana pasada me invitaron a ver la película “The Big Short”, la cual me pareció buenísima. ¿Quién hubiera pensado que las obligaciones de deuda garantizadas y las permutas de incumplimiento crediticio podían convertirse en una narrativa que mantendría a la gente al filo del asiento, y por añadidura con excelentes actuaciones?

Pero hubo un atajo que tomó la narrativa, cosa entendible y posiblemente necesaria, pero que de todas formas vale la pena señalar.

En la película, varios excéntricos y bichos raros llegan a la conclusión de que los valores respaldados por instrumentos de alto riesgo son basura, lo que se acerca mucho a lo que pasó; pero esta conclusión aparece mezclada con el hecho de que estas personas se dan cuenta de que había una burbuja inmobiliaria masiva en Estados Unidos, la cual es presentada como igualmente contraria a lo que decía gente respetable de todas partes. Y eso no es cierto.

Es cierto que Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal, y otros estaban ocupados negando la mera posibilidad de una burbuja inmobiliaria antes de la crisis. Y también es cierto que cualquiera que sugiriera la existencia de dicha burbuja era furiosamente atacado; “¡sólo lo dices porque odias a Bush!”.

No obstante, hubo un número de analistas económicos que argumentaban la existencia de una burbuja gigantesca, incluyendo a Dean Baker en 2002 (lea aquí su documento de investigación: bit.ly/1YrRPcV). Y Bill McBride abordó el caso en su blog Calculated Risk desde el principio y de forma muy eficaz. Me basé en Baker y McBride, cuando afirmé en 2004 la existencia de una burbuja y presentando mi gran declaración sobre la analítica en una columna de 2005 (aquí: nyti.ms/1JttW0d), un poco antes que la mayoría de los acontecimientos presentados en la película. Sigo estando muy orgulloso de esa columna, por cierto, porque pienso que acerté al enfatizar la importancia de dividir las tendencias inmobiliarias regionales de Estados Unidos.

La burbuja en sí misma era algo que los analistas de cifras podían ver sin ahondar en los detalles de los instrumentos respaldados con hipotecas, o sin viajar por Florida. De hecho, yo diría que la burbuja inmobiliaria de mediados de la década del 2000 fue lo más obvio que he visto, y que la negativa de tanta gente para reconocerla fue una drástica ilustración del razonamiento motivado en funcionamiento.

La súper estructura financiera integrada en la burbuja fue algo completamente distinto; yo no tenía idea de ella, y no vi venir para nada la crisis financiera.

Twitter:@NYTimeskrugman

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