¿Y los que no bajaremos la cabeza?
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¿Y los que no bajaremos la cabeza?

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¿Y los que no bajaremos la cabeza?

27/07/2018
Actualización 27/07/2018 - 13:34

Se quitó la máscara que tuvo tres semanas. No, no es un hombre mesurado ni su carácter es de aquellos en los que predomina la razón sobre las emociones. Es el que se ha formado en el transcurso de muchos años en las plazas públicas, en las marchas y en la airada protesta. Ese es el auténtico López Obrador.

Bastó una declaración del INE para encenderlo. Ese organismo electoral que le permitió tres años anticipados para que aprovechara los tiempos de su partido político para aparecer y promoverse en radio y televisión millones de veces. Es el mismo INE que, sin sanción alguna, lo favoreció viendo cómo hacía campaña en recorridos por todo el país sin siquiera advertirle que eso no estaba permitido. Bueno, impedidos todos los partidos salvo el suyo.

Simplemente le disgustó que se amonestará a Morena, por el evidente abuso que hicieron con el fideicomiso Por los Demás, para mal calificar a ese organismo ciudadano (o debiera serlo) y aborrecerlos con el epíteto de que lo hacían cometiendo una "vil venganza". Además fustigó a quienes daban espacio a su reacción, calificando a esos medios como “prensa fifí”. Ese fue el mismo calificativo que usó años atrás, cuando siendo jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, su dedito nos tildó de lo mismo cuando exigíamos protección ante la ola de violencia y secuestros que asolaba a la ciudad.

Ya no es candidato como bien sabemos, es el próximo presidente y como tal los reporteros, cronistas, fotógrafos y articulistas nos sentimos seriamente amenazados, sobre todo cuando dice: "yo no odio, perdono pero no olvido". ¿Qué ocurrirá con nuestra tarea que es consustancial a la crítica; deberemos abdicar a nuestras convicciones, quizás ver hacia otros lados o mostrarnos genuflexos como ya algunos lo han hecho? Ya ciertos medios de comunicación han preferido la adulación a la reflexión y otros se mantienen midiendo hechos, datos, presupuestos y fechas. Quizás ofrezcan futura moderación... o nuestras cabezas. Bien sabemos que los periodistas llegan hasta dónde el editor lo permita. Nuestra libertad de expresión tiene debilidades que nunca tiene la fortaleza del acero.

No es gratuito que James Madison, cuarto presidente de Estados Unidos y el redactor en jefe, si así pudiéramos llamarlo, de la Constitución norteamericana, puso en primer lugar y como escalón sustantivo de la misma a la libertad de expresión. Lo razonó de este modo: sin ese derecho, ¿para qué queremos los demás?

Por cierto, en la patria de Washington el actual enfermo que habita la Casa Blanca ha dado claros pasos en contrario. La periodista Kaitlan Collins, de la cadena CNN, no fue admitida a la conferencia de prensa dado que anteriormente había hecho “preguntas inapropiadas” al presidente Trump. ¿Qué son ese tipo de preguntas, acaso sobre su relación con Putin, su vida sexual o de su forma de evadir impuestos? Los presidentes, primeros ministros, reyes y jefes de Gobierno deben saber que, mientras estén en el cargo, carecen de vida privada. La población quiere saber todo sobre la gente que han elegido como sus gobernantes. Nada debiera ser secreto, especialmente sobre sus valores éticos (cuando los tienen), sobre sus ingresos, deudas personales, enfermedades y tomas de decisión.

Sobre esto último, ya son muchas y variadas las que el actual virtual presidente electo ha tomado sin consultar al pueblo, como la descentralización de secretarías y organismos autónomos; la reducción salarial a empleados de confianza, y la carta enviada a Trump. Y otras que se contemplan como insólitas, como pedir al ciudadano común su opinión sobre la construcción de algo tan complejo como un aeropuerto.

En los países democráticos, libres de la autarquía, la participación de la prensa es insustituible y formadora de una opinión pública robusta y propiciatoria de información que lleve a la formulación de juicios maduros. Ahora que nos hemos ganado una libertad de expresión que no soñábamos hace veintitantos años, somos muchos los que sin arrodillarnos ni ofrecer adulaciones gratuitas, hemos decidido continuar con nuestra tarea de ver, ponderar, analizar y emitir juicios críticos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.