Un pantano de violencia y de injusticia
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Un pantano de violencia y de injusticia

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Un pantano de violencia y de injusticia

01/06/2018
Actualización 01/06/2018 - 13:31

El video muestra a un hombre escalando piso tras piso en un edificio en París; hasta arriba un niño cuelga del balcón y alguien junto a él no es capaz de rescatarlo. El escalador trepa con gran agilidad, alcanza al niño y le salva la vida. Es un inmigrante de Mali, país en guerra, y al día siguiente lo recibe Emmanuel Macron, presidente de Francia, y en lugar de aplicar la ley y desterrarlo, por decreto le da la ciudadanía francesa y le ofrece un empleo como bombero.

Aquí, en cambio, a una torturadora con cuatro cargos penales (Nestora Salgado) y a un saqueador de trabajadores mineros de nombre Napoleón Gómez Urrutia, ambos de nacionalidad extranjera, se les quiere nominar a senadores de la República.

En Aldama, Chiapas, mientras el PRI y el Verde se disputan quién debe ser su candidato a la gubernatura, mil 300 tzotziles huyen de los ataques de los pobladores de Santa Martha Chenalhó, carecen de comida y duermen entre cafetales resguardados de las inclemencias con sólo ramas.

Ante la complacencia del candidato, la foto muestra a un hombre joven que, reverencialmente besa la mano izquierda de López Obrador, que hace unas horas mostró la estampa religiosa a la que agradece lo proteja de las acechanzas de Ricardo Anaya.

El presidente Peña pide que evitemos autoflagelarnos y da a conocer lo ya sabido: el empleo ha alcanzado cifras significativas, el turismo internacional ha crecido mucho, las exportaciones agrícolas han superado al petróleo y los niveles de inversión directa han establecido nuevos récords.

Los empresarios se dirigen a la opinión pública y a la autoridades exigiendo se detenga al hampa, que lo mismo descarrila trenes que extorsiona comercios, fábricas, negocios. La violencia es el arma de la que hoy se vale cualquiera para robar, secuestrar, asesinar, gracias a un manto protector de impunidad que nadie se explica que haya crecido en todo el país. Eso llamado ley es una palabra hueca que descansa sin ser tocada en ministerios públicos, despachos de jueces y autoridades de cualquier nivel. Los feminicidios, cobro de cuentas entre bandas rivales, celadas al Ejército, complicidad de policías con el hampa y la diversidad de delitos que forman un inventario sin límites, es el pantano en que cotidianamente vivimos.

¿Cómo es que nos comportamos asistiendo a nuestros trabajos, llevando a los hijos a la escuela, asistiendo a las oficinas, talleres, negocios? Vamos al cine o al teatro como si el aire que respiramos no contuviera el olor a sangre y temor que respiramos. ¿De qué estamos hechos los mexicanos que vivimos prendidos y preocupados por lo que pueda hacer la Selección Nacional en el campeonato de Rusia, como primera preocupación? ¿Cómo es que la televisión se ocupa en lo sustancial en producir telenovelas y difundir anuncios comerciales o propaganda electoral y sólo tangencialmente en dar a conocer la realidad?

El número de asesinados y desaparecidos aumenta diariamente. Quienes tienen que pagar 'derecho de piso' a los extorsionadores se cuentan por cientos de miles; las viudas y huérfanos de los últimos once años rebasan en cifras conservadoras los 500 mil. Más, muchas más que en Irán o Afganistán.

Todos lo hemos padecido: el robo de auto, el atraco a los negocios, los homicidios no son castigados. O es el nuevo Código de Procedimientos Penales o es la ineficiencia o la complicidad con los criminales, pero lo cierto es que son liberados sin sufrir punición ni reparación del daño. Es fundamentalmente esto lo que permite y auspicia el pantano de injusticia y violencia en que vivimos. Los candidatos hacen de lado que su principal razón para ocupar esos puestos es proteger la integridad y propiedad de los gobernados.

Cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal y a dos policías los quemaron vivos en Tláhuac, el hoy candidato de Morena afirmó que esos eran usos y costumbres del pueblo con los que no hay que meterse. Ahora promete la amnistía para mercaderes de la droga, asesinos y criminales como una medida para vivir en una república amorosa, cuando la preocupación debiera ser cómo lograr una nación equilibrada y justa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.