Todos a volar
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Todos a volar

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Todos a volar

02/11/2018

Nunca, en ninguna parte del planeta, quién va a comenzar su reinado o mandato se provoca un entuerto semejante. Es llenarse el camino de piedras y erizos.

A 30 días de ceñirse la banda presidencial, las categorías rectoras de lo que era una economía estable y de sus consecuencias sociales, se han alterado bruscamente. ¿Por qué, acaso nos invadió una potencia extranjera, fuimos envestidos por tres o cuatro tsunamis o explotaron cuarto devastadores volcanes? No, son declaraciones de un solo hombre que no es Premio Nobel de Economía ni tampoco presidente del país, pero cuya palabra tiene el alcance que no tuvieron los emperadores romanos Augusto, Tiberio, Claudio y Tito juntos. Vamos, ha superado a Hussein, Carlos Menen y Alberto Fujimori.

Ni los emperadores romanos ni los autócratas han tenido la osadía de descarrilar sus propias máquinas, como ha ocurrido aquí en los últimos días. Ninguno ha creado su autocomplot. Todo lo contrario, buscaban crear acuerdos y alianzas para iniciar y desarrollar sus gobiernos. Hoy vivimos lo contrario. Separar, amedrentar y sumir en la incertidumbre a la sociedad, es lo buscado.

Con desconocimiento en donde se ubican los puntos clave (o por intereses inconfesables), se comenzó diciendo que promoverán al menos tres refinerías de petróleo, cuando en el mundo se están reduciendo y desmantelando por inadecuadas y obsoletas para dar paso a las nuevas energías. Además, se nos dijo que se dejará de exportar crudo. No fueron pocas las caras que alzaron las cejas. Aquí y en el extranjero.

Preñadas de juicios sin el respaldo de las pruebas, se corrió la voz que la mayor obra de infraestructura con sus muchas ventajas ya reseñadas en todos los medios, se construía teniendo en el vientre acuerdos de corrupción engendrados por turbios intereses. A eso se le debe cargar el peso de frustraciones pasadas y un encono de clase que se resolvió con el jugo de la venganza: golpear a “la élite rapaz” que se impuso a los designios del Estado. Los contratistas corruptos debían pagar. Y para ello se instrumentó el ardid de que la sociedad prefirió cambiar la ubicación de lo que sería un hub internacional por el acondicionamiento de un modesto aeropuerto militar. ¿Conoce usted el sitio?

Lo que se ha desprendido es semejante a un terremoto de 7.5 grados en la escala de Richter: la paridad con el dólar ha descendido en tres días el equivalente al 5.0 por ciento para repercutir en lo siguiente, un encarecimiento del 9.0 por ciento en los pagos de la deuda externa; México retrocede cinco lugares en el índice “Doing business” y se ubica en el lugar 54 entre 190 para medir las facilidades de hacer negocios; las aerolíneas pierden 22 mil millones de pesos y se eliminarán 331 vuelos locales. La perspectiva de crecimiento sufre un descenso de 2.5 a 1.9 por ciento. Y las calificadoras del comportamiento económico o cambian de “estable a negativo” o sacan la lupa para ver qué pasa en adelante.

¡Todo eso en horas!

Mientras eso ocurre, cuatro enormes caravanas de migrantes crean una auténtica bomba de tiempo: no los dejarán entrar a Estados Unidos y se tendrán que quedar en el país. Se les ha prometido trabajo, hogar, salud y respeto. Lo que muchos connacionales desearían.

¿Por qué no se investigó y sancionó a la minoría rapaz y se continuó la superobra? Sería más barato que toda la suma de cosas derivadas de su cancelación. ¿Por qué se les enviará con los mismos contratos a Santa Lucía si se dice son corruptos e indeseables? Además de ilegal, es cínico y totalmente falto de ética, ¿o no constitución moral?

¿Para qué se mintió con el supuesto de que el gobierno francés era un aval de esa comedia de traslado?

Si eliminar la corrupción ha sido el móvil de parar la obra del aeropuerto, entonces habrá que demoler el más de un millar de carreteras, puertos, hospitales, puentes y mejoras públicas para ver sus contratos y acuerdos.

Es claro, se nos ha dado el avión para decirnos que la honestidad valiente ya está entre nosotros, aunque la merma de credibilidad nacional y extranjera será la luz que ilumine a la Cuarta Transformación.

Todos a volar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.