No hay domador que contenga al tigre
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

No hay domador que contenga al tigre

COMPARTIR

···

No hay domador que contenga al tigre

16/03/2018
Actualización 16/03/2018 - 10:56

Porfirio Muñoz Ledo se empeñaba en decirnos lo mucho que el pueblo de México le debía a López Obrador. Inicialmente lo escuchábamos asombrados quienes formábamos la Barra de Opinión de Canal 34, Elisa Alanís, Fausto Zapata, Carlos Ramos Padilla y yo. Del asombro pasamos a la discusión y finalmente a ironizar sobre el 'presidente legítimo', lo mucho que había enardecido a sus seguidores y finalmente la erección de tiendas de campaña sobre el Paseo de la Reforma para dividir la Ciudad de México durante más de tres meses. Fue la primera vez que oímos hablar de que “el tigre había sido sometido”, pero antes, la historia nos muestra que eso mismo quisieron hacer los natufios cuando seminómadas eran cazadores-recolectores y se nutrían de gusanos y royas-. Con la misma idea de domar al tigre vivieron macedonios, sumerios e ititas para no hablar de cartagineses y romanos.

El término domesticar proviene del latín domus, que significa casa. En consecuencia domar al tigre equivaldría a meter al tigre a la casa, convivir con él y hacerlo nuestro. Imposible, dicen paleontólogos, biólogos y arqueólogos. 'El tigre es impredecible' es la respuesta más generalizada y para quien no quiera saber de zoología, ahí están los textos del extraordinario poeta Eduardo Lizalde con sus tomos Memoria del tigre; El tigre en la casa, y ¡Tigre, tigre!

Hay quienes piensan que el tigre es domesticable, es decir, que se le puede obligar a tener cierta conducta durante el tiempo que se quiera. Así lo pensaron los domadores que se presentaban en Las Vegas, Siegfried y Roy durante varios años, hasta que un día, rodeados de tigres albinos, uno de ellos, quizás el más amado entre los más de veinte felinos, de nombre Mantecore, se rebeló en mitad de la rutina que se presentaba ante un público numeroso y atacó a Roy hasta arrástralo fuera de la pista. Después de diversas intervenciones quirúrgicas el hombre quedó semiparalítico. Él mismo aseveró que el tigre tiene recovecos desconocidos para el ser humano. No ha sido el único caso, las páginas de circos y espectáculos están llenas de testimonios sobre la majestad indómita que hace del tigre un ser inmanejable.

¿Cuál es la metáfora que López Obrador nos quiere embarrar en la cara cuando habla de que él ya no estará para controlar al tigre? Primero habría que ver de qué se nutre al tigre para que enfurezca. ¿De falsas promesas, de expectativas irrealizables, de dar como sentado que la victoria y el botín están al alcance de sus fauces? Segundo, hay en ello una inocultable soberbia: Por más temible que parezca, sólo yo soy capaz de dominar al felino. A la arrogancia habría que agregar la estulticia, la ignorancia, el desconocimiento de lo que es un poderoso animal que no se nutre de gachas y avenate sino de carne viva y sangre corriente.

Como se vea, el propósito es blandir una espada sobre el corazón de la sociedad nacional: un posible fraude, como los cuatro que antes ha esgrimido cuando ha sido derrotado (dos como aspirante al gobierno de Tabasco y dos como candidato a la presidencia de la República) se paga con el caos, ya que él no estará para contener los bramidos y las zarpazos del felino.

Ninguna propuesta de gobierno por bien armada y necesaria que fuera de ese candidato, lograría borrar la afrenta que se hace no sólo a los otros aspirantes, a las autoridades electorales, a las instituciones que tienen que ver con la seguridad y la estabilidad nacionales, a las organizaciones populares y concretamente a todos los ciudadanos. Nada sobrepasa la amenaza, ni siquiera la amnistía prometida a narcos y delincuentes, la inclusión en la lista de senadores plurinominales que les significa fuero e intocabilidad a connotadas figuras del mundo del hampa, la derogación de reformas que fueron aprobadas por la totalidad de los partidos políticos y el hecho irrefutable de que entre 65 y 70 por ciento de los habitantes no está de acuerdo con su acerada pretensión de llegar al poder.

La figura de un tigre multidimensional compuesto por ciudadanos encolerizados nos habla de una mente que se autocontempla como única, arrolladora, dueña de poderes extranaturales y bien nutrida de patología, misma que lo puede llevar a ser… el domador devorado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.