“No confundamos la verdad con la opinión de la mayoría”
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“No confundamos la verdad con la opinión de la mayoría”

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“No confundamos la verdad con la opinión de la mayoría”

15/06/2018

Encabezo este artículo con una sentencia del gran Jean Cocteau, pues viene como anillo al dedo sobre lo que es nuestra realidad electoral. Esa poderosa arma que es el sondeo sobre las preferencias de la población, ha subido el tono al punto en que pudiéramos pensar que los comicios ya no son necesarios. Esas encuestas nunca nos dicen quién las patrocina, tampoco qué ocurre –porque no pueden saberlo– con quienes rechazan las preguntas ni el número de quienes se niegan a externar por quién votarán.

Las encuestas no se ocupan de decirnos quiénes son los encuestados, a qué estrato socioeconómico pertenecen, su escolaridad, sus edades ni dónde y cómo viven. Además, la fórmula matemática para la obtención de la muestra es celosamente guardada; así, la estadística superficial es el sustento en el que aparentemente dan solidez a sus resultados. En palabras claras, se han convertido en herramientas inductivas, muy lejos de ser una fotografía de un segmento de la población y alejada de ser representativa del todo.

Si bien, durante semanas nos han dicho que López Obrador es puntero, jamás nos permiten saber el porqué de ello. ¿Acaso está vacunado ante los disparates que dice, como “construir las carreteras a mano, perdonar a los criminales, o prometer el acceso indiscriminado de cualquiera a las universidades”? Tampoco nos iluminan esas formas de inducción cuando omiten su propuesta de incorporar elementos tecnológicos, como el uso de computadoras, aprendizaje del idioma inglés, uso de energías renovables, que bien pudieran hacer avanzar al país. Muy ajeno a la verdad está ubicar a José Antonio Meade en un lejano lugar cuando es, sin duda, un funcionario público experimentado, con un alto conocimiento de la administración pública y provisto de una formación profesional muy superior al conjunto de los otros candidatos.

Las encuestas no nos dicen, ni por asomo, que Morena es una muchedumbre en torno a un caudillo que carece de escrúpulo para incorporar a su movimiento a todo tipo de personas, que incluyen a individuos sospechosos de diversos delitos, caciques, líderes claramente corrompidos y hasta quienes en el pasado reciente vociferaban en su contra.

¿Pueden las encuestas ofrecernos el perfil ideológico de los candidatos; quiénes dan prioridad a los valores y quiénes ignoran lo elemental del mundo internacional, o el extremo cuidado que tiene nos ocupemos de lo que ya padecemos con el cambio climático universal?

Veamos al término del tercer debate lo que dicen algunas encuestas:

El Economista dice que Meade tiene 48 puntos; AMLO 24; Anaya 22, y El Bronco 6. El País apunta que Meade tiene 51 puntos; AMLO 28; Anaya 17, y El Bronco 4. Milenio ve a Meade con 45 puntos, AMLO con 28; Anaya 19, y Bronco con 8. Ibero 90.9 puntualiza a Meade con 60; AMLO 23; Anaya 12, y Bronco 5. Publimetro da 58 a Meade; 20 a AMLO; 15 a Anaya, y Bronco 7.

¿Son mejor estas mediciones a las que durante semanas nos han dicho lo contrario? Si así fuera, estamos cerca de una revolución Copérnico-galineana, pues realizadas justo al término del debate nos llevarían a algo más cercano a la razón y a la necesidad de contar con los mejores elementos. Así, de acuerdo con lo que durante meses han exhibido y en el caso de AMLO durante años, no es ningún exceso decir que Meade primeramente y Anaya después, podrían ser candidatos con muchas probabilidades en diferentes países. Meade podría calificar como primer ministro en Holanda o en Bélgica. Anaya podría encargarse del Medio Ambiente en Portugal o en Noruega.

Obviamente, las encuestas que señalan como puntero a AMLO no pueden indicar que lo que se ve en los medios difusores son acompañamientos muy poco alentadores de numerosos contingentes, que irritados van tras un caudillo sin saber exactamente a dónde se dirigen. Sólo saben que creen que destronarán a la diosa corrupción y lucharán contra las minorías rapaces, donde quiera que aniden en las entrañas de la mafia del poder.

Lo que es una certeza irrebatible es que nos urge la aplicación de la ley en lugar de amnistías, una profunda reforma del sistema político en lugar de dádivas, y que cualquier delincuente, del tamaño que sea, esté consciente que será castigado. Necesitamos un gobierno que gobierne bien, punto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.