El inocultable conservadurismo de López Obrador
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El inocultable conservadurismo de López Obrador

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El inocultable conservadurismo de López Obrador

22/12/2017
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AMLO
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Para mi querida Manqué Luna Parra*

Como etiqueta política va dirigido a la masa mayoritaria que puebla el país; es inmejorable el arquetipo que encierra: Morena. De inmediato acudimos al concepto de Vasconcelos: la raza de bronce, ligado en forma indisoluble a la virgen de Guadalupe.

No es gratuito que AMLO se registrase como aspirante a la Presidencia justo el 12 de diciembre consagrado a la deidad femenina. Eso no es nuevo, a lo ancho de su larga y obsesiva carrera para ocupar la Presidencia, ha soltado en repetidas ocasiones esa franja de su personalidad que muestra a un individuo conservador.

Como jefe de Gobierno jamás se pronunció sobre lo que en esas fechas se discutía a fondo y él repudiaba: la unión de personas del mismo sexo, el aborto y la legalización de esas acciones. Siempre se escurrió por la tangente.

Fue Marcelo Ebrard, mejor instruido y abiertamente más liberal, quien apoyó esos hechos que en México y en el mundo fueron incontenibles.

En búsqueda de una imagen enaltecedora que lo ubicara fuera del contexto de violencia que se ha dado desde la administración de Felipe Calderón, fue que de AMLO surgió la expresión de una República Amorosa. No, no se refería a una vena poética que como autor quisiera explotar ni a cantares laudatorios sobre diversos aspectos del país; de manera clara, mostraba la ambición de mitigar o desaparecer los males colectivos con un remedio abiertamente mágico. Una fábula de Esopo o un cuento de Andersen.

Y a ese archipiélago fantástico se ha dirigido con una fuerte carga pragmática, aliarse con el Partido Encuentro Social, integrado por cristianos evangélicos.

La mayoría de sus integrantes pertenecen a diversas asociaciones religiosas del país y centralmente del fogón de la mirra y del incienso llamado Guanajuato. Ese partido que se inicia en Baja California en 2006, se alía, como corresponde a la lógica, con el PAN en 2007 y en 2013 con el PRI, y con ello demostró que los evangélicos no tienen remordimientos por acceder al pecado de la deslealtad consigo mismos. Por si hiciera falta para redondear esa demostración, su líder, Hugo Eric Flores, es un político que ha servido en gobiernos del PAN y también del PRD. En todos esos casos, se ha mostrado en fotos donde un extraño orgullo sobresale con una sonrisa empujada hacia atrás y contenida apenas por unos ojos vivarachos. El Partido Encuentro Social se autodefine como una organización que defiende a la familia con especial interés por la libertad de conciencia y, por supuesto, por la libertad religiosa. Rechaza los matrimonios entre personas del mismo sexo, lucha abiertamente contra la pornografía, se deslinda de las “nuevas tendencias juveniles” y se recarga en las principales tendencias de Acción Nacional.

Aparentemente, el PES se ampara en una ideología que abiertamente estaría en contra de los razonamientos y valores de izquierda y del progresismo; en la práctica, ha venido acomodándose a cualquier partido grande al que le falten los dos o tres puntos porcentuales con que cuenta y que podrían ser definitivos para obtener una victoria electoral.

Es aquí donde la caña de pescar del obradorismo entra en juego: dos o tres puntitos y a cambio de ello, el cielo cristiano evangélico. ¿Se puede pedir algo más? Sí, el supremo valor de los evangélicos siempre dispuestos al sacrificio.

Ellos querían al productor y actor Eduardo Verástegui y al cantante Jesús Adrián Romero como precandidatos a la Presidencia, así lo había declarado Rigoberto Rodriguez, representante del partido. Verástegui se hizo popular por su participación en las telenovelas “Soñadoras”, “Una luz en el camino” y “Tres mujeres”.

Después se retiró de la actuación para abrazar de lleno su fe católica y predicar ante el mundo. Un poco alejado de esos valores, el PES venció los obstáculos económicos que pedía el futbolista Cuauhtémoc Blanco, el ídolo adecuado para empujarlo a ser alcalde de Cuernavaca. Dada su popularidad y su postura contra Graco Ramírez, quien ha criticado dura y constantemente a AMLO, se acomoda bien como prospecto para ser candidato al gobierno de Morelos. ¿Por qué no? Blanco ha dicho que va a la iglesia de vez en cuando, es deportista y puede ser un ejemplo de éxito.

Encaja perfectamente en la doctrina de la República Amorosa y en el inocultable conservadurismo de López Obrador.

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Twitter: @RaulCremoux

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.