Carta de AMLO a empresarios e inversionistas
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Carta de AMLO a empresarios e inversionistas

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Carta de AMLO a empresarios e inversionistas

06/04/2018
Actualización 06/04/2018 - 11:57

Hemos corrido con suerte, el puntero en las encuestas envía una carta exclusiva a EL FINANCIERO dirigida a inversionistas, empresarios, banqueros, expertos en finanzas, tomadores de decisiones y analistas diversos que forman el grupo lector de nuestro diario. Por supuesto ni dar entrevista ni mucho menos debate. Él es quien habla, nadie más. ¿Queda claro?

Comienza por decirnos que le debemos tener confianza. ¿Habría motivos para no hacerlo, hay acaso algo en su pasado que motivaría temor o desconfianza? Y arranca diciendo que el problema principal del país es la corrupción. Algo de eso debe saber en dos aspectos medulares: primero con la cercanía del profesor Bejarano, Carlos Imaz y Sosamontes, atrapados con sendas maletas de billetes que nunca se supo a dónde fueron a dar; y segundo, puesto que la construcción del primer tramo del segundo piso no fue licitada, se aplicó en forma directa al grupo amigo llamado Rioboo y el monto quedó oculto hasta la fecha, bajo el amoroso cuidado de Claudia Sheinbaum. La misma que hoy es candidata de Morena para convertirse en jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

La carta aspira a convencer a un electorado clave que incide en la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional, que está bajo la sospecha de tener nervios y estructura con olor a corruptelas. A esos interesados en la obra les pide no asustarse, pues con él vendrá una nueva etapa que se caracterizará por “moralizar la vida pública”. Al así hacerlo, “se liberalizarán recursos cuantiosos para el desarrollo y bienestar de la población… se reducirán los salarios de los funcionarios públicos… ni los exmandatarios de Estados Unidos reciben pensiones tan cuantiosas… viviremos en un auténtico Estado de derecho y se acabarán los fraudes electorales”. En su carta, abunda sobre el advenimiento de un cambio ordenado. Es raro que diga eso porque tenemos decenios en que así se ha dado. ¿Por qué sería de otro modo, ya que nuestra democracia ha venido evolucionando en al menos el último medio siglo?

AMLO se extiende en que renegociará el TLC y aplicará un modelo como “el desarrollo estabilizador” instrumentado por Antonio Ortiz Mena, quien, para quien no lo conozca, fue secretario de Hacienda del 1 de diciembre de 1958 al 13 de agosto de 1970, fecha esta última cuando Luis Echeverría ya estaba cansado de oír su nombre y lo sustituyó por Hugo B. Margáin. Ese modelo tuvo como eje principal la inversión extranjera, que puso de lado la producción agrícola para dar lugar a la planta industrial.

¿Cómo se aplicaría ese modelo con las características de una expansión global como la que se vive hoy en el mundo? Llegar a tener un crecimiento de 6.0 por ciento, sólo se tiene en China o India con grandes sacrificios y un esfuerzo místico y riguroso de severa disciplina. ¿Sería de esa manera? Si así fuera, eso lleva lustros de continuidad. No, seguramente el líder absoluto de Morena debe pensar que sería en forma suavecita, como corresponde a una República amorosa.

Con relación al combate a la violencia, ya está dicho que vendría una amnistía con los delincuentes, pues está visto que enfrentarlos no da resultado. De cualquier manera, él se reuniría todos los días muy temprano con las Fuerzas Armadas para ocuparse personalmente de las decisiones fundamentales. Poncho Durazo, que es un hombre decente y conocido como un pan con ojos y sin ninguna experiencia en esos menesteres, sería el encargado de la seguridad nacional. Mientras tanto Marcelo Ebrard, quien carecía de casa propia pero rentaba una por 80 mil pesos mensuales y se autoexilió tres años en París y en Nueva York, estará encargado de revisar la buena factura de los contratos en el NAIM para que no vaya a pasar lo que ocurrió en la Línea 12 del Metro cuando estaba bajo su responsabilidad.

A las universidades, públicas y privadas, entraría quien quisiera sin necesidad de mostrar ningún mérito ni examen. Becarios y no sicarios. En su carta habla de la experiencia que tuvo como jefe de Gobierno en lo que era el Distrito Federal y menciona su habilidad para combatir el crimen. No menciona que en el tercer año de su gestión se dio una magna marcha de protesta y exigencia ciudadana para detener los secuestros, extorsiones, asaltos y crímenes que ahogaban a la ciudadanía. A esa protesta él la calificó como la reunión de “pirruris que quisieron mostrar sus nuevas ropas de moda”. Seguramente entre ellos se encontraban familiares o los mismos empresarios a los que AMLO les dedica su carta.

¿Qué pensarán los destinatarios de ese texto, habrá nacido, quizá fortalecido, la confianza al punto de que le brinden su voto, o los llevará a comenzar a cambiar pesos por dólares? Prontito lo sabremos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.