¿A qué viene el equipo de Donald Trump?
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¿A qué viene el equipo de Donald Trump?

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¿A qué viene el equipo de Donald Trump?

13/07/2018
Actualización 13/07/2018 - 9:37

Obviamente lo que menos les interesa es ver a Enrique Peña; con él ya todo está platicado y, sobre todo, conocido. Trump ha enviado a su equipo más cercano: al secretario de Estado, Mike Pompeo, caracterizado por su dureza y su negro historial; acompañado por Jared Kushner, su querido yerno con quien practica un esplendoroso acto de nepotismo, y a Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, así como a Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Interior. Se hacen acompañar de otros funcionarios y forman un aguerrido y compacto comando con instrucciones precisas. ¿Cuáles?

No pueden ser otras que las que su jefe, el amarillento de pelambre y de espíritu ya ha exhibido y ha descrito Lluís Bassets: Trump no tiene principios, sólo fines idénticos a su provecho personal. Si señala una debilidad es porque quiere sacar partido de ella.

Trump no soporta de nuestro país dos puntos primordiales: el primero es el superávit comercial que hemos logrado en los últimos años; y el segundo es el número de connacionales que han triunfado obteniendo trabajo y beneficios tanto para nosotros como para Estados Unidos.

Me detengo en esta segunda arista. La madre de Trump, Mary Anne MacLeod, proveniente de Escocia; venía en el barco Transilvania desde Glasgow cuando desembarcó como inmigrante en Nueva York, el 11 de mayo de 1930. En su visa No. 26698 se puede leer que llegó “para cocinar y limpiar para otros”. Es decir, como doméstica. Más tarde logró casarse con Fred Trump y convivir con sus hermanas Christine, Mary Joan y Catherine.

En los libros de la Fundación Estatua de la Libertad, en la isla Ellis, se puede leer que los descendientes de los inmigrantes que llegaron a Nueva York durante los últimos decenios del siglo XIX y primeros del XX, equivalen a casi la mitad de la población del país. En otras palabras, Donald Trump es hijo de la inmigración y debe ser por ello que tanto los detesta. Digno de psiquiatra.

Bien, al equipo visitante no le importa México, ni su seguridad ni su bienestar, sólo quieren hacer con nosotros lo que han pretendido hacer con Canadá, Europa, China, Japón y en general con todo el orbe, explotar nuestras carencias, acosarnos y negociar desde su fortaleza haciéndonos sentir débiles y divididos. Recordemos que hace apenas una semana Trump se quejó de México, diciendo que no les ayudamos a detener a los centroamericanos y seguimos proveyendo drogas a sus inocentes consumidores. 20 días atrás se quejó contra Canadá, justamente porque la madera y el papel de ese país se vendía y bien en territorio yanqui. Antier, con pésima diplomacia, trató de humillar a la canciller alemana Angela Merkel para que aumente hasta 4.0 por ciento de su PIB destinado a los gastos de defensa en la OTAN y, en plena reunión de ese organismo en su sede en Bruselas, se dirigió con desdén a todos sus miembros.

¿Qué podemos esperar de esa 'visita de cortesía' como la llamó Marcelo Ebrard? Nada bueno aunque las formas, presumiblemente, sean amables. Esperemos que no pretendan enjaular a nuestros hijos con el pretexto que sea.

Del lado mexicano estarán Romo, Urzúa, Durazo, Seade Kuri y, afortunadamente, la recién propuesta embajadora Martha Bárcena, quienes serán prácticamente examinados por los yanquis. A eso vienen, para documentar a su jefe, quien buscará cómo obtener provecho.

Si somos realistas, nada bueno podemos esperar. Véase cómo ha tratado a Canadá, a la Unión Europea y ahora a China. No son sólo los aranceles al hierro y al aluminio. Ahora pretende algo insólito: propone gravar ¡10 mil productos chinos con valor de 200 mil millones de dólares!

Llámele como quiera, es guerra comercial y nuestro país ya no está exento del conflicto. Los yanquis hoy no tienen aliados.

Ojo, los del clan de Trump no comparten nuestros valores, ni les importa nuestra seguridad, carecen de sentido histórico y están orgullosos de las invasiones que en el pasado han perpetrado en México y en el planeta. Sólo entienden de relaciones de fuerza y con ellos no hay alianzas estables ni duraderas. No merecen respeto ni confianza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.