Opinión

Rápidas y furiosas

12 abril 2017 5:0
 
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2018: ¿Y Eruviel?

Uno. El pasado 3 de abril se dio el banderazo de salida a la campaña electoral en el Estado de México, calificada a diestra y siniestra como el “Laboratorio de la elecciones presidenciales de 2018”, a la vuelta de la esquina.

Dos. Lo del “banderazo de salida” no suena forzado, ya que el símil aplicable es el terrible accidente ocurrido en el Paseo de la Reforma, a la altura de la abominable (timo económico y estético) Estela de Luz.

Tres. La madrugada del 1° de abril, un BMW, conducido a 200 kilómetros por hora, rumbo al centro de esta ciudad todavía sede de los Poderes Federales (y por tanto Distrito Federal), trepa al camellón antes de cruzar Lieja, golpea un árbol y metros adelante se estrella con un poste que lo parte en dos.

Cuatro. En veinte metros a la redonda quedan los cuerpos de dos hombres y dos mujeres fallecidos a causa del brutal impacto, dos de cuyas cabezas ruedan por el asfalto. El conductor, en avanzado estado de ebriedad, sale milagrosamente (aunque a un infierno de responsabilidades) ileso.

Cinco. Rápidas y furiosas serán las campañas para suceder en el Estado de México al actual gobernador. Violentas han sido las denuncias por acarreos, reparto de dádivas, apoyos en cascada del gobierno federal.

Seis. Sobre el candidato por el PRI pesa el parentesco con el Presidente de la República, ya en la penúltima vuelta de su polémico régimen y, sobre el delegado especial nombrado para la contienda, pesa a su vez un pasado sub judice.

Siete. Sobre la candidata por el PAN, pesan acusaciones a su fundación transfronteriza por fraude y contra miembros de su familia, por lavado de dinero. Más la sospecha de averías ocasionadas por “fuego amigo”, disparos desde de su propia escudería.

Ocho. Mientras que sobre la candidata de MORENA pesa la tutela total del presidente del partido (a su vez, en rápida y furiosa carrera a la meta del 2018).

Nueve. Son de pronosticarse colisiones tremendas, choques mortíferos, velocidades vertiginosas, sabotajes sobre la marcha.

Diez. Mientras tanto, en otras pistas, digamos la de Nayarit, su fiscal es detenido en Estados Unidos por infracciones de gravedad extrema. Y en la de Coahuila, reaparece un corredor con un historial pletórico de multas, juego sucio, infracciones sin cuento al reglamento de tráfico político.

Once. Cuando, disfrazado de panista, Vicente Fox se lanzó a la competencia mayor, entre algunos intelectuales se puso de moda hablar de un inminente “choque de trenes”.

Trece. Recuerdo que la ocurrencia pegó con tubo y distrajo cualquier consideración sobre los méritos empresariales de un piloto de mediocre ejecutoria profesional, que sin embargo hoy cuenta con un Fundación Bistró y el foro inmediato a sus redomadas tonterías.

Catorce. Si ya entonces, los idearios, la ideología partidaria, las específicas propuestas electorales, quedaron revesadas por el encono de la carrera, hoy por hoy ideario, ideología, propuesta, han desaparecido por completo del “match”.

Quince. Ganar, ganar, ganar a como dé lugar y se saque de la pista a quién cometa el mínimo error al conducir el bólido PRI, el bólido PAN, el bólido MORENA.

Dieciséis. Lo que nos espera, pues, no es un choque de trenes sino el falto de espectacularidad numerito de “coches chocones”.

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