Memo a los candidatos: Debate en la frontera
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Memo a los candidatos: Debate en la frontera

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Memo a los candidatos: Debate en la frontera

18/05/2018
Actualización 18/05/2018 - 14:30

Señores candidatos, en los tiempos de Trump los electores darán un apoyo inusual a quien consideren más apto para lidiar con él.

La relación con Estados Unidos estará en el corazón del segundo debate a celebrarse en Tijuana. En contra de la creencia de que la política exterior no gana votos, los electores mexicanos estaremos muy atentos a lo que tengan que decir los candidatos en relación al vecino del norte.

Es fundamental que tengan claro que Trump es el síntoma y no la causa de un malestar profundo que experimenta Estados Unidos: polarización política.

Todos los días se escuchan dos narrativas de lo que acontece en Estados Unidos (EU). Por el lado conservador, Fox News y otros medios como CBN (Cadena Cristina de Noticias), quienes enfatizan los logros de Trump y le alaban que está cumpliendo cabalmente sus promesas de campaña. En el otro bando liberal, CNN y The New York Times le atizan de tal manera que uno juraría que su fin está por llegar.

El mandatario hace de las suyas y lo seguirá haciendo —como la barbarie que causó la apertura de la nueva embajada en Jerusalén— porque tiene una importante base electoral que se lo reclama y vitorea, en este caso los evangélicos sureños, quienes votaron abrumadoramente por él (80 por ciento).

Desde el día uno que lanzó su campaña, y continúa haciéndolo, ataca con rijosidad a los migrantes. Para los enojados que votaron por Trump, nuestros paisanos son los culpables de sus desventuras económicas. Siempre es más fácil echar la culpa al foráneo. Así como los mexicanos consideramos que nuestra violencia se finca en la propensión a consumir drogas de los estadounidenses, pues es más difícil que admitir que carecemos de Estado de derecho, los seguidores de Trump le corean sus insultos al migrante.

Candidatos, habrá Trump para rato. Cuatro u ocho años. Más aún, existe el peligro de que acabe con la democracia americana.

Trump aspira a ser un tirano. Admira a los opresores como Vladimir Putin de Rusia y Rodrigo Duterte de Filipinas. Le irritan profundamente los pesos y contrapesos constitucionales y es un enemigo declarado de la prensa y la justicia pareja, es decir, la que sus abogados-gánsteres no pueden comprar.

Está enfrascado en una batalla campal contra la prensa prestigiada —liberal—. Los medios saben que es un duelo a muerte. Sólo uno de los contendientes sobrevivirá.

Trump implica para México que la gran estrategia diplomática del último cuarto de siglo —concentrar la toma de decisiones en la cúspide— está hecha pedazos. Los cuatro últimos presidentes antes que Trump tuvieron cercanas relaciones con sus colegas mexicanos y fue en el mecanismo de entrevistas presidenciales donde se tomaron las grandes decisiones: TLCAN (1990), acuerdo migratorio fallido (2001) y la Iniciativa Mérida (2007).

Con Trump hay que actuar a la distancia. Y se requiere aprovechar la descentralización de la toma de decisiones. Es momento de acudir sin miramientos a los otros centros de decisión como el Congreso y las cortes y a quienes les disputan sus programas migratorios y ambientales como el estado de California.

En el estado de California, señores candidatos, tenemos ahora un gran aliado.

En su visita en marzo pasado a San Diego, Trump señaló que los gobernantes de California son amigos de los criminales, pues el gobernador Jerry Brown ha insistido que “los mexicanos, independientemente de su condición migratoria, son bienvenidos al estado”.

California está literalmente a las patadas con Washington. Jeff Sessions ya demandó a ese estado por no cooperar con los agentes federales migratorios e incluso hay amenazas de congelar fondos federales. El procurador de Justicia del estado, Xavier Becerra, ya contrademandó.

Tijuana y San Diego son el ejemplo en la frontera de dos ciudades que han sabido aprovechar su vecindad. San Diego exporta 17 mil millones de dólares al año y su principal mercado, por mucho, es México con cinco mil millones de dólares. Pero lo más interesante es que un buen porcentaje del comercio es intrafirma, es decir, es exportado sin terminar en Tijuana donde la producción se transforma en regional y más competitiva.

En San Diego una tercera parte de la población son inmigrantes. Y hasta el alcalde republicano, Kevin Faulconer, los aprecia y respeta. Es fascinante constatar que este aprecio al migrante ha permitido que las tasas de emprendimiento de los inmigrantes sean mayores que las de los autóctonos.

Finalmente, señores candidatos, el que se ponga muy macho y se suba al ring con Trump será amonestado seriamente por los electores. A golpeadores profesional como el caído Hugo Chávez y, desde luego, al furibundo Trump, hay que torearlos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.