La violencia en el centro del debate presidencial
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La violencia en el centro del debate presidencial

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La violencia en el centro del debate presidencial

04/05/2018
Actualización 04/05/2018 - 12:29

Los años 2011 y 2017 tuvieron dos cosas en común, ser previos a una elección presidencial y sufrir picos de homicidios. Ahora bien, la violencia y la inseguridad no fueron temas de la elección de 2012 y sí lo son en esta elección.

¿Qué pasaba en 2012 y qué ha pasado en 2018 para ese cambio en la preocupación ciudadana? La niebla de la guerra, un libro de Andreas Schedler, profesor del CIDE, ayuda a explicar por qué los mexicanos no habían urgido a los candidatos presidenciales a pronunciarse sobre la violencia y cómo combatirla. A pesar de que la violencia en México ha causado más muertos que las dictaduras sudamericanas de los años 70 y 80, los mexicanos, argumenta Schedler, siguen considerando que la violencia le toca a los otros, a los actores violentos y las víctimas, que ya sea que están inmiscuidos con ellos o bien están en el lado erróneo (generalmente el pobre) de la colonia.

Mi argumento es que hasta muy recientemente los mexicanos empezamos realmente a tocar fondo, pues la violencia está a punto de alcanzarnos y estamos cambiando nuestra percepción de que la violencia estaba confinada a algunos estados como Chihuahua, Tamaulipas, Guerrero o Michoacán, o a algunas ciudades como Ciudad Juárez, Acapulco o Monterrey.

Un secuestro, un robo armado o caer en fuego cruzado nos puede pasar a todos. Y los que tenemos hijos jóvenes que salen de antro cada fin de semana simplemente perdemos más sueño.

Considero que hay tres elementos que explican por qué la seguridad se ha instalado al centro del debate y las plataformas de los candidatos a la presidencia en 2018: el hartazgo, los eventos de alto impacto y que Andrés Manuel López Obrador, el innegable caballo blanco, señaló que daría una amnistía al crimen organizado.

La cifra oficial de víctimas de homicidios dolosos en la última década es de 199 mil 959. El año pasado, el más cruento, contó con 25 mil víctimas. Es decir, en los dos últimos sexenios habremos perdido cerca de un cuarto de millón de nacionales a raíz de la violencia homicida.

Hay que señalar que lo que más afecta al mexicano de clase media es la violencia callejera –el robo en un semáforo mientras detenemos el coche o en el viaducto–. Quienes no tienen automóvil son presa, una y otra vez, de asaltos armados en el transporte colectivo. Somos un país tristemente líder en el mundo en cuanto a feminicidios y violencia contra los periodistas.

Estamos hartos de que el presidente Peña y su equipo de seguridad encabezado por el defenestrado Osorio Chong miraran para otro lado y omitieran hablar de violencia.

Ayotzinapa es sin duda el evento de mayor impacto y el que más ha agraviado a la opinión nacional e internacional. Peña y sus cercanos colaboradores siempre consideraron que las protestas por la impunidad de un asesinato colectivo de 43 normalistas tenderían a menguar por el cansancio. Pasó. Pero también se acumuló el encono popular. Y ahora el asesinato de los tres estudiantes de cine en Guadalajara volvió a hacernos mella. A sumar a nuestro hartazgo.

Finalmente, el Andrés Manuel López Obrador del año pasado que aún arriesgaba, se envalentonó a decir que daría amnistía a los criminales. Y efectivamente le sigue lloviendo, pues nadie quiere ver a los criminales amnistiados. De acuerdo con una encuesta publicada en este periódico el 2 de mayo, 73 por ciento se opone a dar amnistía a los criminales y delincuentes. En este mismo espacio en su momento señalé que al menos la propuesta era original e importante pues se salía de las respuestas convencionales y ponía en el centro la palabra paz.

Las posturas de los contendientes a la presidencia se han centrado más en criticar a AMLO que en proponer plataformas integrales que nos lleve a un país más seguro en que nuestros hijos puedan salir a jugar a las calles y acudir solos a la escuela.

Sin embargo, el debate sobre seguridad es un avance respecto a la elección presidencial anterior. No hay manera de que los candidatos no se pronuncien una y otra vez sobre qué harán para contener la violencia.

Hace unos años nos molestaba que nos compararan con Colombia. Ahora nos debería halagar. Ese país latinoamericano, que ha sufrido como ningún otro los estragos de la violencia, ha sabido exigir a sus gobernantes meterse de lleno al tema de la paz y seguridad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.