La canciller de Canadá
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La canciller de Canadá

27/07/2018
Actualización 27/07/2018 - 13:07

Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, conjuntó un extraordinario equipo para relacionarse con Donald Trump.

Desde la campaña electoral de Estados Unidos en 2016 se acercó a un líder del partido político opositor, el exprimer ministro conservador Brian Mulroney, quien era compañero de golf de Trump en Mar-a-lago ubicado en Palm Beach, Florida. Allí empezó el acercamiento y la estrategia para conservar el acuerdo más importante internacional para Ottawa: el TLCAN. Conservó como embajador en Washington a David MacNaughton, uno de los mejores estrategas políticos, quien justo le orquestó la campaña en que derrotó a Stephen Harper (2006-2015).

Chrystia Freeland es central en ese equipo. Trudeau la nombró canciller el 10 de enero de 2017, justo en la víspera de la toma de posesión del estadounidense. Había cumplido ejemplarmente la tarea que se le encomendó como ministra de comercio internacional: cerró la negociación del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, el más complejo para Canadá desde el TLCAN.

Junto con otros 12 canadienses que han abogado fuertemente por sanciones al Kremlin por la invasión a Crimea, la canciller no puede entrar a Rusia. Fue orden de Vladimir Putin.

Ha sido escritora, periodista y desde 2013 miembro del Parlamento. Su pedigrí académico es impecable. Estudió historia y literatura rusa en Harvard y un posgrado en estudios eslavos en Oxford. Justo como estudiante de Harvard hizo una pasantía en Kiev, capital de Ucrania, donde acabó fungiendo como interprete. Habla cinco idiomas. Antes de los 30 años, ya era la jefa de la oficina del Financial Times en Moscú.

Aprendió mucho en Moscú y observó cómo un país socialista entraba en una vorágine capitalista, lo cual es el tema de su primer libro, La venta del siglo.

En una biografía de ella en el rotativo más influyente de Canadá, The Globe and Mail, donde también trabajó, se enfatiza que “sabe ser encantadora con la gente de poder. Hoy ella es una de las cancilleres canadienses más poderosas en décadas”.

Hizo muchos amigos billonarios cubriendo y participando en el Foro Económico Mundial de Davos, lo que le facilitó su segundo libro, Plutócratas, la subida de los nuevos superricos globales y la caída de todos los demás, que estuvo en las listas de los libros más vendidos de The New York Times.

El mes pasado la influyente revista Foreign Policy le otorgó el premio 'El diplomático del año'. Freeland pronunció un discurso en el Washington de Trump muy comentado en los círculos diplomáticos del mundo. Realizó una defensa inteligente y emotiva del orden económico liberal de la pos Segunda Guerra Mundial. Arrancó señalando, “El gran riesgo que nos afecta a todos es el debilitamiento de un orden internacional basado en reglas y la amenaza del resurgimiento de los regímenes autoritarios sobre la misma democracia”.

Hizo una no muy velada alusión a Putin, “Regímenes autoritarios están buscando activamente debilitarnos con propaganda bien financiada y operaciones de espionaje”. También criticó vehementemente al gobierno de Nicolás Maduro, “algunas democracias se han ido en otra dirección y resbalado hacía el lado autoritario, es el caso notable y triste de Venezuela”.

La canciller, unos días después que su homólogo estadounidense, visitó a Andrés Manuel López Obrador y su equipo de política exterior. Estuvo en nuestra capital el pasado miércoles, donde también acudió a reunión con el equipo negociador de Peña, Luis Videgaray e Idelfonso Guajardo.

La prensa canadiense reportó que Freeland se comprometió con una negociación trilateral firme. Es decir, el Canadá de Trudeau prefiere, y por mucho, renovar el TLCAN. No le gusta la idea de Trump de realizar dos acuerdos bilaterales, uno con cada vecino.

En el mismo artículo del Globe and Mail se dice que la canciller ha desarrollado mucha confianza con los negociadores mexicanos y la cita el reportero afirmando, “Intercambio chats todo el tiempo con Luis e Idelfonso.”

La canciller de Canadá es una pieza clave de la renegociación del TLCAN. También pudiera ser una aliada clave y poderosa para la diplomacia de nuestro próximo gobierno. Todo depende de que AMLO y Ebrard decidan que México ejerza su responsabilidad global y, como tal, dar la batalla por la democracia y la libertad en Venezuela y Nicaragua.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.