Histeria migratoria
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Histeria migratoria

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Histeria migratoria

06/04/2018
Actualización 06/04/2018 - 13:27

Mandar a la Guardia Nacional a combatir la caravana migratoria organizada por Pueblo Sin Fronteras –una marcha de migrantes en tránsito repleta de mujeres y niños—es como utilizar una bomba atómica para combatir a alzados con rifles de palo. Fue una sobrerreacción histérica de Trump con el fin de sembrar miedo y encono hacia los migrantes, especialmente los mexicanos y centroamericanos.

El canal noticioso Fox News, conservador y racista, y su fan número uno, Donald Trump, prendieron las alarmas por la caravana anual, que organiza Pueblo Sin Fronteras. Después de ver un reportaje sobre la caravana, Trump tuiteó, “Gran caravana esta ahora cruzando México y se aproxima hacia nuestra frontera de leyes blandas”.

Y de paso acusó al gobierno de México por no hacer nada para impedir que los migrantes llegaran a la frontera sur de Estados Unidos. Incluso, el miércoles pasado firmó una directiva para que la Guardia Nacional envíe tropas a la frontera con México para luchar contra la migración ilegal y “asegurar la frontera y tener un Estados Unidos seguro”.

El gobierno mexicano reaccionó con efectividad emitiendo comunicados de prensa y tuits señalando: “si el despliegue de la Guardia Nacional se tradujera en una militarización de la frontera, ello dañaría gravemente la relación bilateral”.

Nuestro embajador en Washington, Gerónimo Gutiérrez, vistió muchas cadenas televisivas, incluso Fox News, señalando que México estaba al tanto y que insistimos en una migración ordenada y legal.

¿Qué es la caravana y por qué tanta histeria en ambos países?

Durante los últimos 15 años, cada Semana Santa, la organización promigrante Pueblo Sin Fronteras ha ayudado a migrantes, especialmente en tránsito, a organizar el viacrucis del migrante. El objetivo es crear conciencia de los abusos a los migrantes a través de recrear los días finales de Cristo desde su persecución hasta su entierro después de la crucifixión.

Durante la caravana que comienza el Domingo de Ramos, voluntarios de Pueblo Sin Fronteras acompañan a los migrantes en camiones en trenes y a pie. Este año el número de participantes se incrementó extraordinariamente hasta llegar a cerca de mil 500 personas, incluyendo a 400 mujeres, 300 menores e incluso algunas decenas de miembros de la comunidad LBGT.

Me explica Martha Balaguera, investigadora del Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego y quien ha participado en marchas migrantes como parte de la investigación para su tesis doctoral, en esta caravana aproximadamente 80 por ciento proviene de Honduras. La reelección del presidente Juan Orlando Hernández (JOH) se logró a través de un fraude electoral y su gobierno no se ha tentado la mano para reprimir violentamente a sus críticos. Uno de los cantos más socorridos en la caravana ha sido, fuera JOH.

Balaguera enfatiza, no todos los participantes en la caravana tienen un objetivo común de llegar a Estados Unidos o de quedarse en México. Lo que comparten todos es una situación de desplazamiento y en ese espacio se da una situación de solidaridad muy especial.

Ante el incremento del número de participantes este año, algunos espacios noticiosos como Fox decidieron cubrir la marcha. Está muy vigente el recuerdo en Estados Unidos de la crisis del verano de 2014 en que cerca de 70 mil niños centroamericanos llegaron a la frontera sur.

Ahora bien, la histeria de Trump parece haberse calmado ante la fuerte reacción de la diplomacia mexicana. Ayer jueves por la mañana tuiteó: “La caravana se ha desarticulado gracias a las fuertes leyes migratorias de México y de su voluntad de acatarlas para evitar una gran escena en nuestra frontera. Gracias a las acciones del gobierno de Trump. Los cruces fronterizos son aún INACEPTABLES. Mínimo histórico en 46 años. ¡Hay que parar las drogas!”

Sin restarle reconocimiento a la efectiva reacción de la diplomacia mexicana y a los canales hacia la Oficina Oval que ha logrado el canciller Luis Videgaray, el ruido mediático que ha provocado la caravana de Pueblo Sin Fronteras encontró un México con pies de barro en el tema transmigración.

Nuestros diplomáticos podrán insistir una y otra vez que aspiramos a una migración ordena y legal. Pero en el día a día, los migrantes en tránsito siguen sufriendo terribles abusos a lo largo y ancho del territorio mexicano. Las miles de mujeres hondureñas que transitan todos los años por nuestro país ya saben que serán violadas y se preparan para ello con una buena dosis de anticonceptivos.

La diplomacia está vacía si no es respaldada por acciones en nuestro territorio. No nos confundamos. Una cosa es hacerles el juego a las histerias rabiosas de Trump, y otra es tomar acciones para impedir que miles de centroamericanos y migrantes de otras latitudes sean abusados impunemente en nuestro territorio.

El gobierno de Peña no tiene cara para exigir al gobierno de Trump respeto para los derechos de nuestros inmigrantes cuando nuestro país es descrito como un cementerio sin cruces por nuestros vecinos centroamericanos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.