Balance electoral: polarización y estancamiento
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Balance electoral: polarización y estancamiento

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Balance electoral: polarización y estancamiento

09/11/2018
Actualización 09/11/2018 - 14:25

Los demócratas consiguieron su objetivo más preciado: la mayoría en la Cámara baja. En Estados Unidos el partido con mayoría controla la agenda legislativa, pues se hace merecedor de todas las presidencias de comités y subcomités. (A diferencia de México que el número de presidencias de comisiones es proporcional a la votación).

Los republicanos no tuvieron un mal día. Mejoraron su posición en el Senado al menos en dos curules. La aritmética ponía a los demócratas a la defensiva. De las 35 curules en juego, sólo nueve estaban en manos de republicanos y 26 pertenecían a los demócratas.

Presidiendo la Cámara baja, los demócratas ejercerán su poder de escrutinio ante el Ejecutivo. Eso es lo que más le preocupa a Trump y donde pueden hacer la diferencia. Investigarán el posible complot de su equipo de campaña con los hackers rusos; habrá importantes esfuerzos por revelar las declaraciones impositivas del mandatario, quien algo grave esconde pues se ha negado a mostrarlas a piedra y fuego; finalmente, lo investigarán por temas de craza corrupción, conflictos de intereses y por instrumentar una desregulación desmedida, pues en temas como el medio ambiente, el trumpismo significa un capitalismo salvaje.

Con más curules en la Cámara alta, le será más fácil a la Casa Blanca seguir nombrando jueces conservadores. De manera que se consolidará uno de los legados más funestos de Trump –un aparato de justicia intolerante a las minorías étnicas que pronto serán mayorías demográficas.

Una de las mejores noticias de la elección fue el gran número de mujeres que participó. Por ejemplo, hubo 33 elecciones legislativas en que ambas candidatas eran mujeres, un número muy superior al de 2016 con sólo 16.

En la elección del martes, 117 mujeres ganaron. Destacan que llegan al Congreso dos mujeres indígenas, dos musulmanas y la delegación de Texas contará con dos latinas.

Mi lectura de la elección es que evidenció y magnificará la polarización política de Estados Unidos. Muchas contiendas electorales fueron extremadamente reñidas, como la reelección de Ted Cruz, el archiconservador republicano de Texas que venció a Beto O’Rourke, probablemente la mayor revelación demócrata a nivel nacional. O bien, en Florida aún es posible que un demócrata afroamericano, Andrew Gillum, pueda alzarse con la victoria.

Trump evidenció al día siguiente de la elección que no le interesa leer el mensaje del elector estadounidense –no estamos contentos con tu mandato y por eso le entregamos la casa al Partido Demócrata. En la conferencia de prensa que sostuvo para comentar la elección trató de convencer a propios y extraños, con sus características mentiras y exageraciones, que había sido una gran elección para los republicanos.

El mandatario está lejos de ser un jugador que acepte las reglas del juego de la democracia. Él quiere gobernar sin ataduras. Sin diseño constitucional, es decir, que no haya un Congreso que lo escrute y una prensa que lo cuestione. Para él como para Stalin, los periodistas que no son a modo son “enemigos del pueblo.”

Sin reconocerlo, el triunfo demócrata en la Cámara baja lo inquietó. Por eso de inmediato se deshizo del procurador general de Justicia, Jeff Sessions y dejó a uno más a modo, Matt Whitaker, quien se dice trumpeano de corazón y seguramente intentará obstruir la investigación del fiscal independiente Robert Muller.

Para México los resultados de la elección son complejos. En el tema del muro fronterizo los demócratas nunca le darán al mandatario los fondos para construirlo. Es difícil prever si intentarán descarrilar el nuevo Tratado México, Estados Unidos Canadá (TMEC). Tradicionalmente han sido más proteccionistas. Sin embargo, los republicanos trumpistas se han erigido como los nacionalistas-proteccionistas y sería difícil que los demócratas quisieran competirles en ese terreno. En el tema de la seguridad no parece que habrá alteraciones. La cooperación ha caído y no veo como se rescatará.

El más grave problema para México no está en los temas bilaterales. Tiene que ver con el debilitamiento de la democracia estadounidense. Nuestros vecinos están perdiendo los consensos básicos para resolver los grandes problemas nacionales –un sistema de salud caro e ineficiente, una infraestructura desgastada y una educación básica que se asemeja a la de un país pobre.

En política exterior, donde sólo el Senado puede acotar al presidente, Trump seguirá destruyendo la “paz americana.” Es decir, la serie de alianzas e instituciones globales, como la ONU, la OTAN y la OMC, que han sido esenciales para evitar una confrontación mundial en ya casi tres cuartos de siglo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.