A San Fermín pedimos...
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A San Fermín pedimos...

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A San Fermín pedimos...

10/07/2018

Cada año, del 7 al 14 de julio, se celebra en Pamplona, al norte de España, una de las ferias más populares del mundo: San Fermín. Mucho se le debe al gran escritor americano y premio Nobel, Ernest Hemingway, poner en la vitrina mundial estas festividades, que son un completo fenómeno social donde convergen distintas culturas para celebrar la vida y todo alrededor del toro. Las novelas de Hemingway: Fiesta, Muerte en la tarde y El verano peligroso son obras maestras que dieron universalidad a la tauromaquia, llevándola más allá de los países netamente taurinos.

Es imposible intentar entender Pamplona sin corridas de toros. Los astados que se lidian por la tarde, temprano en la mañana (a las 8 a.m. en punto) son corridos por las calles de la bella ciudad navarra; apenas 848.6 metros de recorrido son suficientes para generar tal adrenalina para corredores y espectadores; año con año más y más personas viajan a Pamplona para vivirlo en carne propia.

Antes de iniciar el encierro, como una de las tradiciones más arraigadas y pintorescas, se le canta a San Fermín, patrono de Pamplona, para que cuide a todos los corredores. Además de cuidarlos, creo que se debe incorporar que los proteja de los políticos de poca monta y capacidad. Le cuento: apenas el pasado mes de junio, el actual alcalde de la ciudad navarra, Joseba Asirón, se aventó la puntada de decir que veía una Pamplona con encierros, pero sin corridas de toros. ¿Así o más inepto?

Obviamente reculó de inmediato, mandó su “idea” a mediano plazo, lavándose las manos, evocando una evolución social. Yo me pregunto: ¿la sociedad —del país que sea— evoluciona por medio de la prohibición o del respeto a minorías?

El argumento de inicio en cualquier ataque antitaurino es la muerte del toro. De ahí no los saca. Ahora bien, existe un número no menor de antitaurinos respetuosos, pero atacar desde la absoluta ignorancia y discriminación es inadmisible.

La cultura de la tauromaquia se basa en tradición, en arraigo e identidad. Si a Pamplona se le sustrae el toro y lo que este majestuoso animal representa, simplemente se le borra del mapa, afectando no sólo su identidad, sino también su bienestar cultural y económico, porque no duraría ni cinco años, antes de que, lejos de abarrotarse la ciudad, ésta quede olvidada en su semana grande.

¿Se imagina usted la Feria de Aguascalientes sin toros, teniendo en cuenta la derrama económica y cultural que ésta representa para la ciudad hidrocálida?

No confundamos peras con manzanas. Si queremos una mejor sociedad, los pasos a seguir van en camino de la educación, que trae de la mano al respeto, la cultura y la información.

Así como Pamplona vive una semana en la que es noticia todos los días alrededor del mundo por sus fiestas basadas en el toro bravo, no podemos dejar de reconocer que la cultura taurómaca es vivida actualmente por una minoría, y es por eso que debemos defenderla y disfrutarla.

A menudo me preguntan si creo, como aficionado que soy, que la fiesta desaparecerá algún día; supongo que sí, el día llegará cuando incluso esta minoría desaparezca, pero nunca podrá desparecer por tintes políticos en aras de una modernidad mal entendida, donde los bosques son devastados, el agua contaminada, las mujeres sobajadas y el hambre de los niños ignorada.

Espero que en esta nueva etapa que está por vivir nuestro México nos enfoquemos en la educación, el bienestar y la salud; entonces sí seremos un país grande, con inmensa riqueza cultural, tradiciones centenarias y respeto por el prójimo.

A San Fermín pedimos...

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.