Opinión

¿'Quo vadis', peso mexicano?

1
 

 

biletes

Recientemente he escuchado que el peso mexicano sólo reacciona ante noticias negativas (con respecto al dólar de Estados Unidos). Durante una buena parte del segundo trimestre del año se observó una recuperación del precio del petróleo –de niveles por debajo de 45 dólares por barril (dpb) en marzo, a alrededor de 60 dpb (petróleo tipo WTI) a finales de junio–, y lejos de reaccionar de manera positiva, el peso mexicano se depreció. Por otro lado, ahora que ya se resolvió la crisis griega, al menos en el corto plazo, el peso lejos de fortalecerse, continuó su tendencia depreciatoria. En este breve espacio me gustaría dar respuesta a dos preguntas al respecto: (1) ¿Qué sucede con el tipo de cambio?; y (2) ¿hacia dónde va (¿quo vadis?) el peso?

(1) ¿Qué sucede con el tipo de cambio? En cuando a los factores que están dictando la dinámica del tipo de cambio peso-dólar en el corto plazo, considero que existen tres: (a) la incertidumbre sobre el inicio de normalización de tasas de interés en EU; (b) el precio del petróleo; y (c) la crisis griega. En este sentido, cabe señalar que cuando el precio del petróleo observó una trayectoria de recuperación de cerca de 15 dpb en 2T15 –lo que “debió” haber apoyado al peso–, ésta fue acompañada del escalamiento de la crisis en Grecia, así como un incremento de la incertidumbre sobre el momento en el que el Banco de la Reserva Federal (Fed) podría iniciar un ciclo de alza de tasas de interés, diezmando así el efecto positivo que pudo haber tenido la dinámica del precio del petróleo.

Asimismo, una vez que la crisis de Grecia se resolvió (al menos en el corto plazo) la semana pasada, el peso no sólo no ha reaccionado con un fortalecimiento importante, sino que se depreció más. Cabe señalar que el precio del petróleo ha caído cerca de 10 dpb recientemente y si bien la incertidumbre sobre cuándo la Fed podría subir la tasa de interés ha disminuido, ahora el mercado de futuros de los Fed Funds está descontando que éste se podría llevar a cabo en la reunión de septiembre –en lugar de diciembre–, poniendo mucha presión sobre los activos de países emergentes en donde el peso mexicano no es excepción.

En mi opinión, no es que el peso reaccione sólo a las malas noticias, sino que los tres factores mencionados no han estado “alineados” para que el peso se aprecie y desafortunadamente la incertidumbre sobre el siguiente movimiento de la Fed y la trayectoria de los precios del petróleo han tenido una incidencia altamente significativa en el comportamiento del peso. Haciendo un análisis econométrico sencillo con datos diarios de enero de este año a la fecha (1), podemos observar que la dinámica de los precios del petróleo ha explicado cerca del 45 por ciento de la variabilidad del tipo de cambio, la incertidumbre sobre el inicio de alza de tasas de la Fed otro 45 por ciento, y la crisis griega alrededor de 10 por ciento.

Por lo que cuando se recuperó el precio del petróleo su efecto positivo se contrarrestó por la incertidumbre sobre la Fed y terminó dominando un efecto negativo por la crisis griega, ahora que la crisis griega se ha atenuado el posible resultado positivo que podría tener en el peso está sobrecompensada por la caída en los precios del petróleo y la percepción de que la Fed está más cerca de subir tasas.

(2) ¿Hacia dónde va el peso? En el largo plazo los factores que determinan el tipo de cambio son dos (relacionados entre sí): (a) diferencial de tasas de interés (entre México y EU); y (b) diferencial de inflación (entre México y una canasta de países con los que compite o con los que comercia). En cuanto al primer punto, si consideramos que la Junta de Gobierno del Banco de México, como yo auguro, va a elevar la tasa de referencia al unísono con la Fed (al menos en los primeros movimientos), esto hace que este factor no tenga relevancia marginal alguna hacia delante.

Pasando al segundo punto, no se observan presiones inflacionarias en el mediano plazo ni en EU, ni en México. En particular, en México no se perciben presiones ni del lado de la demanda –porque la actividad económica no se encuentra boyante todavía–, ni de lado de la oferta porque al parecer la caída de los precios internacionales de las mercancías (commodities) está compensando la depreciación del tipo de cambio. Entonces, utilizando diferentes modelos de tipo de cambio real, lo que nos señalan es que el tipo de cambio nominal (el que observamos en las casas de cambio) está subvaluado alrededor de 10 por ciento, por lo que debería estar más cerca de 14.50 pesos por dólar. Probablemente no veamos este nivel en el corto plazo por los factores inmediatos que están incidiendo en el comportamiento del peso, pero considero que el peso mexicano debería de seguir una tendencia de fortalecimiento en el mediano plazo.

1 Obtuve la descomposición de varianza del error eliminando efectos de feedback a partir de la estimación de un vector autorregresivo estructural (diferencial de tasa de bonos de España y bonos alemanes a 10 años (~crisis griega): tipo de cambio peso-dólar-precio del petróleo tipo WTI)

* El autor es economista en jefe de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas

También te puede interesar:
Matrimonio y divorcio en México
El Inegi subestima el PIB de México
¿Hacia dónde va Grecia y por qué afecta a México?