Opinión

Quo vadis…? hegemon

 
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trump

Hace ya bastantes años, allá por finales de los setentas y a lo largo de los ochentas, no resultaba extraño que los estudiosos estadounidenses se preguntaran si su país no “había llegado a la cumbre”. De ser el caso, sólo le quedaría a la gran potencia prepararse para un declive tranquilo que no afectara sus envidiables niveles de vida.

Frente a la potencia estaba la fiebre japonesa que inundaba los mercados modernos, sofisticados y no, de prácticamente todo el mundo; sus nacionales y corporaciones compraban tierra y edificios de Nueva York para abajo y ponían en estado de alerta los sentimientos más nacionalistas siempre instalados en el subsuelo cosmopolita americano.

No pasó tal, aunque las potencialidades y capacidades instaladas del país del Sol Naciente sigan ahí, presidiendo el más extravagante de los estancamientos de larga duración que en el mundo moderno ha habido.

En su lugar irrumpieron los “tigres del sureste asiático” y con ellos, atrás y por delante de sus despampanantes dinámicas, el portento chino capaz de conquistar mercados a lo largo y lo ancho del globo, absorber masas de inversión productiva y al mismo tiempo coadyuvar a mantener bajo relativo control el “gran desequilibrio estructural” de las finanzas de Estados Unidos.

Con el fin de la bipolaridad no arribó un nuevo orden como lo anunciara el presidente Bush I, después de la primera guerra de Irak, sino un descontrol global que ha desembocado en guerras sangrientas, terrorismo, crisis humanitarias y la vuelta al mundo de la migración en menos de ochenta días, como lo muestran hoy vivamente los haitianos en Tijuana, provenientes de Rio de Janeiro y sus olimpiadas.

El hegemon, como el dinosaurio de Tito Monterroso, sigue ahí y no hay manera de evitarlo; tampoco de resguardarse cuando se pone en movimiento, explotan sus finanzas e imponen la turbulencia como costumbre del conjunto de la economía mundial. Con sus usos y abusos. En este inevitable y brumoso panorama, ahora muchos se preguntan no tanto por el declive americano sino por las razones, mecanismos, cultura y política que han hecho posible que un personaje tan siniestro y destructivo como Donald Trump conquistara la candidatura del “Grand Old Party” y se acerque a ganar la elección presidencial el próximo noviembre.

Muchas respuestas se han ensayado pero cada día es más claro que dentro de los vectores y factores que explican el fenómeno están una serie de dislocaciones profundas en su estructura política, social y económica, resultantes de la onda larga de crecimiento económico lento y sin duda, los impactos severos que la globalización económica y la desregulación financiera trajeron consigo.

Nada de esto es fruto inmediato ni lineal de la Gran Recesión que arrancara en 2008, pero ninguno de ellos, por si solos o combinados, habría alcanzado su poder disruptivo de no haber mediado la crisis que pronto se volvió global y ahora amenaza volverse un estancamiento de larga duración. Según el Nobel Joseph Stiglitz, hay dos mensajes del fenómeno Trump que las elites políticas deberían atender; primero, que las simplistas teorías neoliberales del fundamentalismo del mercado no rindieron los frutos prometidos. El crecimiento logrado, por debajo del prometido y socialmente necesario, se dio a costa de una mayor desigualdad. “La ‘revolución’ Thatcher-Reagan, que reescribió las reglas y reestructuró los mercados para beneficiar a los más beneficiados tuvo gran éxito al incrementar la desigualdad y falló del todo en su misión de incrementar el crecimiento”. Y, segundo, que es necesario reescribir las reglas de la economía, esta vez para asegurar el beneficio del ciudadano común. “El cambio, concluye el Nobel, implica riesgos. Pero el fenómeno Trump y no pocos desarrollos políticos similares en Europa, han revelado los riesgos mayores que implica no oír este mensaje: sociedades divididas, democracias carcomidas, y economías debilitadas” (“How Trump Happened”, Project Syndicate, 14 octubre, 2016).

Nota Bene: Stiglitz y otros de sus colegas del Instituto Roosevelt recientemente escribieron Rewriting the Rules of American Economy. An Agenda for Growth and Shared Prosperity (Estados Unidos, W.W. Norton and Company, Inc., 2016). La economía no existe en el vacío sino en un contexto de ideologías, creencias, manías y desde luego de poder, conspiraciones y estrategias de dominio. Así nos lo muestra magistralmente el profesor Jesús Velasco en su riguroso estudio La derecha radical en el Partido Republicano publicado recientemente por el Fondo de Cultura Económica.

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