Opinión

Quitarle Guerrero a narcos y violentos

    
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Después de ver los pertrechos de los normalistas de Ayotzinapa para impedir las elecciones en Guerrero, no hay que ser muy listo para entender qué va a ocurrir si en esos comicios gana el PRI.

El gobierno tendrá que hacer respetar el voto ciudadano o sacrificar a su candidato Héctor Astudillo.

La violencia que hemos visto en tomas de carreteras, casetas, incendios y destrucción de edificios públicos, ha sido contenida en parte porque en el gobierno del estado se puso a Rogelio Ortega Martínez, tan cercano a la guerrilla como los propios normalistas.

Pero si las elecciones las gana el PRI, como indica la mayoría de las encuestas, ese triunfo puede resultar insostenible o ser sometido a una fuerte presión violenta.

En la Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, los enviados de EL FINANCIERO, Rivelino Rueda y el fotógrafo Édgar López, pudieron ver y retratar la impresionante cantidad de vehículos robados y diésel almacenado para las protestas contra las elecciones.

Diez autobuses de pasajeros, unos 30 camiones de Coca-Cola y de Pepsico, camionetas pick up del gobierno del estado, camionetas de las empresas Lala, La Costeña, Alpura, Helados Holanda… y 38 mil litros de diésel en una pipa de la empresa Combustibles de Morelos.

Todo lo anterior es robado. Y las autoridades de Guerrero no han hecho nada por impedirlo o devolverlo a sus legítimos propietarios. Ni hablemos de detener a los infractores.

No lo han hecho porque el gobierno está en manos muy cercanas a los violentos y a los narcos.

Tal vez no logren impedir elecciones en todo el estado, ni siquiera en el 20 por ciento de las casillas para anular la elección, pero la resistencia posterior va a ser violenta.

Ahí es donde las autoridades tendrán que tomar la decisión de pedirle a Astudillo que decline o defender el sentido del voto de los guerrerenses.

No se trata de una decisión política sencilla, en la que sólo está de por medio la suerte de un candidato, sino que entregar ese estado al PRD es entregarlo al narcotráfico.

Todos los partidos tienen sus lunares negros, y el del PRD es Guerrero.
Al exlíder del Congreso, Armando Chavarría, lo mataron a tiros sin que hasta ahora se tengan noticias de sus asesinos.

El actual presidente del Congreso, Bernardo Ortega Jiménez, es hermano de los líderes del cártel de Los Ardillos, que secuestraron a una treintena de personas en el municipio de Chilapa, sin que todavía se conozca su paradero.

En Iguala gobernaban los jefes del cártel de Los Rojos, hoy presos por el secuestro y asesinato de 43 normalistas de Ayotzinapa.

Guerrero es un narcoestado y hay que quitarlo de las manos de grupos criminales, guerrilleros y cárteles de mariguana y goma de opio.

Por eso es importante hacer respetar la voluntad popular, que será emitida en condiciones de intimidación y acoso.

Twitter: @PabloHiriart

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